Investidura de Pedro Sánchez

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14 agosto 2016

Una investidura posible y necesaria

 AnaAlejandre                                                                                                       
Rayoy, Sánchez y Rivera

Lo que está sucediendo en España desde el 20-D y que se prolonga desde el 26-J, raya en el esperpento, por culpa de un doble perdedor en las elecciones como es la triste figura de Sánchez, quien está obstaculizando la investidura del ganador sucesivo en las dos últimas elecciones por la sencilla razón de que su máxima es “si yo no he ganado las elecciones, el ganador no gobernará tampoco”.

Naturalmente, la obstrucción que hace (y que niega reiteradamente con un cinismo repugnante) la justifica siempre con las excusas peregrinas de que la izquierda nunca puede apoyar a la derecha, pues si lo hiciera nunca conseguiría el cambio deseado que su partido y las fuerzas “progresistas”  desean conseguir. Como es obvio, calla que el cambio que desea hacer es del titular del sillón presidencial, con un implícito “levántate tú para que me siente yo”, es decir, que lo deje Rajoy y lo ocupe él, en sus sueños de eterno vencido que no asume su derrota que cada vez es más palpable y notoria por el castigo de sus propios votantes.

Sánchez está demostrando de forma continuada ser el peor político de la historia de la democracia y no tiene el menor sonrojo en seguir confiando en que, si le pone la zancadilla al ganador de las elecciones como es el caso de Rajoy, pueda así intentar otra vez hacer el ridículo presentando su patética  candidatura  a otra sesión de investidura como la anterior, en la que los otros grupos “progresistas”, como es Podemos y sus esperpénticas mareas    --que convirtieron al congreso en una barraca de feria--, le dijeron que no, aunque Sánchez, a la cabeza del PSOE que es otro partido “progresista y “de cambio”, no convence ni siquiera a su posible aliado que desconfiaba de su pacto con C’s.  Desde luego,  Iglesias y sus adláteres no parecían darse cuenta de que esa extraña alianza  entre PSOE y Ciudadanos no era más que un subterfugio para paralizar cualquier posible acercamiento y acuerdo entre los dos partidos de izquierdas, PSOE y Podemos, ante el temor de Sánchez de que Podemos se zampara al PSOE y fuera el suicidio político de su partido, Ese mismo suicidio que él y sus más próximos en el partido están haciendo solos y sin ayuda de nadie por su ceguera política, su falta de sentido de Estado, su desinterés manifiesto y continuado por el bienestar de España, a pesar de que dicen no querer otras elecciones.

Parece, por todo ello, que sólo les falta añadir que la única salida sería que Rajoy, el ganador, cediera su asiento al doble perdedor y nefasto político al que critican muchos de forma encubierta en su propio partido y, otros, lo hacen de forma pública y notoria como son los antiguos dirigentes del mismo, desde González, y Guerra, hasta Rubalcaba, Corcuera, y la propia Susana Díaz, su rival más próxima, en un largo suma y sigue de socialistas inteligentes, sensatos, con experiencia política y sentido de Estado. Todo eso es lo que le falta a la ridícula figura de alguien que va a dejar al PSOE con el peor resultado electoral de la historia democrática -que parece olvidar para no tener que dimitir como seria lo sensato y digno en su caso e hicieron otros predecesores suyos-.  Además, de hacer personalmente el ridículo continuado con sus frases demagógicas y contrarias a la verdad, pues la noche del 26-J tuvieron que convencerle los más próximos de su camarilla para que no saliera al balcón de Ferraz para decir como tenía pensado que "los ciudadanos habían votado el cambio", negando así la realidad de su nueva derrota electoral más profunda aún que la anterior y que el PP había conseguido más votos que en el 20-D que se han traducido en 14 escaños. Todo este continuo despliegue de cerrazón y negación de la realidad ni sus propios votantes lo aceptan, lo que demuestran con su continua pérdida de votos.. A pesar de ello, sigue con su erre que erre, demostrando a las claras que ni le importa el bien del país ni respeta la voluntad de los ciudadanos expresada democráticamente en las elecciones ni le interesa nada más que su cómico sentido cesarista al que solo le hace falta exclamar “o yo o nadie”.

Su postura antidemocrática y perjudicial para los intereses de España que lleva desde el 20-D con un Gobierno en funciones, aunque quiere definirla con razones peregrinas que a nadie convencen, sólo manifiesta lo que él mismo ya anunció poco antes del 26-J, cuando decía cínicamente que “seré muy generoso con quien lo fue conmigo”, aludiendo a cuando se presentó a la ridícula sesión de investidura apoyada por C’s, en la que el PP le dijo “no” y Podemos le ratificó también su oposición, a pesar de ser el PSOE y Podemos  los partidos “progresistas” que iban a cambiar la política y a salvar a España de las garras de la corrupción.

Rivera, ha cambiado su rumbo al ver las propias críticas internas por su obstrucción a Rajoy, y le ha exigido que acepte un pacto de seis puntos para que, en caso de ser aceptados por el PP, apoyar la candidatura de Rajoy para que España salga de esta situación anómala. Curiosamente, esta situación no parecía importarle demasiado antes del 26-J y desde entonces hasta que anunciaron el cambio de rumbo, aunque más por temor a perder a sus propios votantes --que están huyendo en bloque al PP--, que por los intereses de España que son los mismos que hace meses. Entonces fue cuando tanto el PSOE como Ciudadanos hicieron, además de un pacto entre ambos partidos –por el  doble interés del PSOE de asegurarse que C’S no apoyaría al PP y de que fuera Podemos el que desistiera de una alianza con PSOE-, una férrea línea de obstrucción al PP sin precedentes en situaciones similares en otros países europeos.

Menos mal, que el pueblo español, siempre sensato y con sentido común, empezó a verles las verdaderas caras al PSOE y a Ciudadanos, los partidos regeneracionistas y “progresistas” que iban a hacer una “nueva  política” --con lo que se vio en el Congreso los españoles salieron de dudas de en qué consistía el cambio--, y, más aún, cuando vieron la alianza de Izquierda Unida con Podemos, extraña mezcla de un partido comunista con otro que se auto titula “social demócrata”  --Podemos con ello demostró la falta de inteligencia de sus dirigentes al no darse cuenta de que, con semejante aliado, estaba demostrando bien a las claras en que espectro político está situado-. 

En el 26-J los españoles volvieron a ratificar su voto a Rajoy, incrementándolo en 14 escaños más en el Congreso, mientras PSOE perdía 5 escaños y Podemos ha conseguido 1 escaño más por estar unidos a IU; pero a cambio han perdido entre un millón y millón y medio de votos, en una  impresionante caída electoral que ha sumido a sus dirigentes en un estado de apatía y abulia que les ha hecho pasar al ostracismo y desaparecer de los medios de comunicación y de sus actividad en el Congreso.

España ahora necesita y espera que los partidos constitucionalistas se unan para apoyar el Gobierno de Rajoy, el único legitimado por las urnas y que, según los últimos sondeos, volvería a ganar de nuevo en unas posibles terceras elecciones, las que de llevarse a cabo, como dice sensatamente Rajoy, “sería una magnífica forma de hacer el ridículo”. De eso parece no enterarse el PSOE ni Sánchez, tan ocupado en mirarse el ombligo y seguir poniendo ridículos “morritos” cuando tiene una cámara delante, mientras pontifica sobre que las “fuerzas progresistas” son la única solución para España” y bla, bla, bla, bla, bla, bla.

Menos mal que lo españoles han mandado a paseo a los partidos “progresistas” –ya conocemos cómo dejan el país los socialistas cada vez que llegan al Gobierno--, y votan cada vez más al PP, el único partido que ha sabido enfrentar la situación económica terrible en la que la dejó el desgobierno socialista y su actuación, junto al esfuerzo de los españoles, nos salvó de un embargo. Ese que parecía no importarle demasiado a las “fuerzas progresistas” que, cuando estuvieron en el Gobierno, no hicieron nada para evitar esa catástrofe y sí mucho para llevarnos a todos al precipicio de la ruina económica, pero eso sí, oyéndoles continuamente la monserga del “progresismo”,  el “cambio”,  y la “nueva política”. Todo aquello que siempre ha demostrado ser la trampa mortal del presente y del futuro de los ciudadanos de este y otros países, cuando los votantes se creen las mentiras y falsas promesas que les llevan siempre al desastre.

Rajoy debe gobernar porque ha salido ganador democráticamente. Los demás partidos, si hubiera otras terceras elecciones, deberían tener la vergüenza de callar y no hablar más de que les interesa el bienestar de España, etc., porque son los que han propiciado que esta situación se prolongue demasiado tiempo, tanto que los españoles nos estamos hartando de cumplir nuestra parte que es votar. Son ellos ahora los que están obligados a acatar lo que dicen las urnas y apoyar al único ganador. Todo lo demás es demagogia, hipocresía y desvergüenza. Esa que llevan tanto practicando las “fuerzas progresistas” que lo único que hacen progresar es la miseria y la desunión entre los españoles, además de entre sus propios compañeros de partido, como es el caso del PSOE y Podemos que están inmersos en sendas crisis internas..


Y, sobre todo, aumentan el hartazgo de los ciudadanos al oírles continuamente toda esa bazofia electoralista que, en la realidad, demuestra su falsedad, su mentira y su oportunismo desvergonzado. Ese oportunismo que le seguirá haciendo perder votos al PSOE y  dinero, tiempo y paciencia a los españoles que sólo quieren/queremos un Gobierno elegido por la mayoría, sea del partido que fuere, porque en ese respeto a los votos se basa toda democracia. Y también, esperamos que a Sánchez, a su inaguantable portavoz y al resto de su falaz camarilla los mande a paseo su partido y el PSOE elija a otro Secretario General que tenga sentido de Estado, espíritu de servicio, instinto político y más preparación e inteligencia para ser quien dirija al partido que merece mejor suerte que ser encabezado por un incompetente con demasiada ambición y ningún talento, aunque es un experto en hacer el ridículo a nivel personal y político. Y de paso, dejar en evidencia al PSOE y a los socialistas y a España en un callejón sin salida por su culpa y la de los que le apoyan en su irreductible ceguera política.

29 febrero 2016

Una investidura sin esperanza





            El teatro montado por el PSOE y encabezado por Pedro Sánchez para alcanzar  su investidura está llegando a su fin,  después de haberle  llevado a pactar con Ciudadanos un  acuerdo que es una manifestación escrita de la tomadura de pelo a los ciudadanos que protagoniza Pedro Sánchez,  con el consentimiento y apoyo de Rivera, quien no advierte que a él también le ha tomado el pelo con ese pacto, inútil a todas luces, porque imposibilita el apoyo necesario de Podemos a la investidura del líder del PSOE que sólo cuenta con sus 90 escaños y los  40 de Ciudadanos, lo que suma sólo 130 escaños que son insuficientes para conseguir que Sánchez llegue a ser Presidente del Gobierno.
            Mañana día 1 de marzo se celebrará, según la agenda del congreso, la primera sesión del debate de investidura en la que Sánchez podrá ofrecer su discurso de investidura, aunque sabe que, con la falta de apoyo de Podemos, es un intento absurdo e inútil de llegar a la Presidencia del Gobierno.
            Los últimos intentos del PSOE han fracasado para conseguir un acercamiento a Podemos que rompió todas las negociaciones con el PSOE al saber que este partido había firmado con Ciudadanos -a sus espaldas y con reuniones secretas y paralelas a las que mantenía con Podemos-, el acuerdo antes mencionado, por el que se inclina hacia la izquierda  C's que, en su intento de protagonizar el papel de partido puente y conciliador entre la derecha y la izquierda, por estar situado en un supuesto centro político que le permite oscilar de un lado al otro en el arco político y tener estas veleidades, según le convenga en cada momento de la vida política.
            Sánchez ha enviado en las últimas horas, en un intento desesperado de llegar a un acuerdo con Podemos, diferentes cartas  tanto a este partido, como a IU y Compromís, manifestándole que el acuerdo con  Ciudadanos irá más allá de los postulados firmados con dicho partido, lo que insinúa que este pacto es un mero borrador más leve y moderado que el que pudiera firmar con Podemos y las mareas que le acompañan. Esta propuesta es rechazada por todos los partidos de izquierdas que manifiestan que es una burla y un chantaje de última hora para conseguir el apoyo necesario para la investidura de Sánchez, porque es sólo un "corta y pega" del acuerdo con Ciudadanos, como define Podemos a la propuesta realizada por Sánchez al que niega todo apoyo o abstención en su investidura, tal como hacen IU y Compromís en la misma  línea de pensamiento que Podemos.
            Tal como están las cosas, no sería extraño que Sánchez anunciara antes de las 16:00 horas de mañana, día 1 de marzo, momento en el que está señalada su comparecencia y discurso de investidura, que desiste de presentar su candidatura por la falta manifiesta de apoyo, tal como hizo Rajoy en su momento y al que tanto, unos y otros, criticaron dicha decisión inteligente y oportuna.
            La izquierda desde el día 20 de diciembre, han mostrado no esa unidad cacareada de siempre, sino el continuo ambiente de crispación y de gresca que le ha acompañado, en sus diferentes partidos y mareas, a lo largo de la historia del siglo XX y XXI, por lo que la desunión, la discrepancia y las zancadillas han sido siempre una nota característica y sempiterna entre las diferentes formaciones políticas de la ideología marxista.
            Mientras tanto, Rajoy sabe que su momento está cerca para presentar su candidatura con el apoyo, en principio, de Ciudadanos, y el posible apoyo del PSOE, después del fracaso de la investidura de Sánchez, al que ha prometido Rajoy, al igual que a Rivera, la Vicepresidencia del Gobierno, en el caso de contar con su apoyo, lo que impediría que se volvieran a convocar nuevas elecciones, con el consiguiente y similar resultado que alargaría el tiempo de permanencia del Gobierno en funciones, con  los consiguientes problemas económicos que de ello se derivan y la inestabilidad política que pasa siempre una cara factura; sin olvidar el grave problema económico que supondría a cada partido la convocatoria de dichas elecciones.
            Todo esta situación, hace pensar que a Sánchez sólo le  queda presentarse a una investidura fallida desde el primer momento, con el desgaste político que eso supone tanto para él mismo como para el PSOE; o presentar su renuncia a S. M el Rey y después anunciarlo antes de que llegue la hora de  que se inicie su discurso de investidura que está llamada al fracaso desde el primer momento.
            Ahora, la investidura de Sánchez está fracasada de antemano, aunque busca los apoyos indirectamente de Rajoy a través de Rivera, y de este último con el que cuenta, pero con la exigencia de que su pacto firmado sea respetado al pie de la letra, olvidando Sánchez que le negó cualquier tipo de apoyo y de posible encuentro a Rajoy, el representante del partido más votado, negando así el principio democrático de que la mayoría  de votos debe ser respetada, y al que dedicaba la frase tantas veces oídas de que Rajoy "debe perder toda esperanza". Esperanza que ahora debe perder Sánchez que, de segundón en votos, ha querido usurpar el papel que sólo debería tener quien gane en cada ocasión las elecciones, sea del partido que fuere, para llegar a una investidura forzada con pactos falsos y contradictorios, consiguiendo así el rechazo de los partidos de izquierda, sus posibles aliados, y de la derecha que asiste paciente y atónita a este absurdo teatro de simulación de pactos imposibles para llegar al poder de quien sólo, por el número de votos obtenidos, le corresponde estar en la oposición.
            Mientras la fuga de capitales continúa y todo el esfuerzo de los españoles y del Gobierno de Rajoy se esfuma, aunque sacó a España del rescate y de la crisis pavorosa que dejó el desgobierno del PSOE, el mismo partido que quería pactar con Podemos un gobierno "progresista" y "de cambio", lo que viendo la situación en la que dejó Zapatero a España, sería un espantoso cambio que nos llevaría a estar igual que países tan "progresistas" como Venezuela y Grecia, sin olvidar el camino que lleva Portugal, países que se encuentran al borde del abismo.

            Todo esto hace necesario que se cambie la absurda Ley Electoral para no dejar sin contenido a la propia democracia basada en el número de votos, y para evitar situaciones tan esperpénticas y peligrosas como las que estamos viviendo, por culpa de quienes rechazaron un gobierno tripartito entre PP, PSOE y C's, que son ahora los que quieren que Rajoy les dé el visto bueno a quienes les negaron la razón, los votos y la palabra, además de toda esperanza, esa misma que abandona a Sánchez en el último momento cuando oye el portazo de Podemos y mareas que se han dado cuenta de que les han querido tomar el pelo, a pesar de ser toda la izquierda una promesa de gobierno "progresista" y "de cambio" que se ha quedado en un absoluto fiasco.