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10 marzo 2009

Crisis económica o desastre económico

por Ana Alejandre


La crisis económica se ha planteado ya en su más absoluta gravedad. El Gobierno, desde hace unos meses, no puede seguir negando la negra realidad de la economía nacional que antes trataba de minimizar y, cuando no, rechazar completamente.

Los números cantan y el siniestro desfile de siete mil nuevos parados diarios es un argumento contundente que no admite réplica alguna porque la realidad se impone en su crudeza innegable hasta para los mayores optimistas, para los mismos que antes de las últimas elecciones calificaban de “antipatriotas” a los del PP porque exigían al Gobierno de Zapatero que asumiera ese pozo económico en el que España se estaba sumiendo y cuya afirmación fue contestada por el propio Gobierno y sus adláteres, calificándola como una invención del partido en la oposición porque quería desestabilizar la democracia, al propio Gobierno, y tratar de impedir la victoria renovada del PSOE, en base a invenciones de la oposición que carecían de credibilidad alguna porque, según afirmaba el Gobierno, la economía nacional estaba boyante y el futuro era esperanzador.

Ahora se está comprobando con la dureza de los hechos quién tenía razón y quién mentía. Sin embargo, ya es tarde para quienes confiaron en las palabras del PSOE que negaba una realidad que se ha impuesto y a la que ya es imposible disfrazar de “recesión”, o “desaceleración” que eran los términos usados por el PSOE, empezando por el propio Zapatero, y la palabra crisis o, peor aún, desastre económico, ya es aceptada por todos: miembros del Gobierno, militantes del PSOE, simpatizantes y, por supuesto, por quien denunció dicha realidad antes de las elecciones, Rajoy, siendo acallado por quienes veían peligrar los votos que los retendrían en el poder a costa de mentiras, falsedad y falso optimismo en una situación que les desbordaba y que nos hunde a todos en el mar sin fondo de la incertidumbre económica sin tener idea de adónde dirigirnos para conseguir salvarnos de este naufragio.

Se le achaca esta situación económica desastrosa a la subida de los combustibles, aunque han vuelto a bajar, a la situación económica internacional tan peliaguda, al estallido de la burbuja inmobiliaria, a la crisis bancaria internacional, al fracaso hipotecario de Estados Unidos y un largo etcétera que pueden explicar, por la suma de todos estos factores, el resultado final de catástrofe financiera, pero lo que no se puede olvidar es que el Gobierno ha estado ocultando la verdad, sin ningún tipo de rubor, a la opinión pública y sólo ha reconocido la cruda realidad cuando se ha visto desbordado por la propia dinámica interna de los factores económicos que entran en juego y que arroja un saldo final de jaque mate a la economía nacional.

Y ahora el problema se agudiza, pues si antes no lo reconocía como tal, ahora que sí lo hace no se advierte ninguna plan de choque urgente y drástico para insuflar energía a la maltrecha economía, al mercado de trabajo que es su termómetro principal, al problema de la caída en picado de los créditos debida a la desconfianza de su posible recuperación, al cierre de pequeñas y medianas empresas que se encuentran completamente desarmadas ante la falta de ayudas, de créditos, de medidas fiscales beneficiosas para la continuidad en el negocio, o empresa, y para la creación de empleos que imposibilitan unas leyes laborales y fiscales que se han quedado obsoletas e inadecuadas para los problemas que tiene la economía nacional y su sector primario que es, al fin y al cabo, el que ha sido siempre el puntal económico de este país.

La entrega de dos bombillas de bajo consumo a cada ciudadano que pague el recibo de la luz no es sólo un chiste, en cuanto a medida para combatir la crisis, sino que indica, incluso a cualquiera que no sea especialista, la falta de ideas, de proyectos viables, de soluciones necesarias que tiene el Gobierno para plantarle cara a una situación que, o se coge a tiempo y se le da remedio, según dicen los especialistas financieros, o el agujero que se está abriendo a los pies de los ciudadanos es de tal magnitud que amenaza con engullir a todos: empresarios, trabajadores, instituciones financieras, Gobierno y a la propia democracia, por la inestabilidad política que siempre favorece situaciones de emergencia como la que estamos padeciendo los españoles. Aunque se intenta justificar la situación, aduciendo que también la sufren otros muchos nacionales de países limítrofes, esta constatación no nos sirve nada más que para hacernos caer del burro de la opulencia, de la confianza en la que vivíamos, en la falsa creencia de que esa bonanza económica era real y no ficticia como se ha demostrado después y, lo peor de todo, que ha creado la desconfianza en un futuro que se nos presenta más amenazador que nunca, porque el propio Gobierno está dando una serie de señales de alarma de que no tiene idea por dónde ir, qué decisiones tomar, ni tampoco qué hacer que no sea el sistema tan utilizado por el PSOE que consiste en culpabilizar a la oposición de los problemas creados durante el mandato del partido en el poder, olvidando que se encontró las arcas públicas llenas y la economía saneada.

Pero como sucede siempre, y para poder entender este desastre nacional, habrá que pensar que la explicación a esta falta de soluciones es la de que, según el PSOE, la culpa de esta situación catastrófica la tiene el PP, Rajoy, Esperanza Aguirre, Gallardón, la Conferencia Episcopal Española y, por si fueran pocos, Bin Laden, y es a ellos a quienes les corresponde sacar las castañas del fuego y a España del atolladero.