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22 febrero 2014

El acoso a las Fuerzas de Seguridad del Estado




            Desde un tiempo a esta parte y, especialmente desde que ganó las elecciones generales el PP, se ha recrudecido el acoso sistemático y generalizado, en algunos medios de comunicación, contra las Fuerzas de Seguridad del Estado, especialmente la Guardia Civil y la Policía Nacional y, en mucha menor medida, contra las policías autonómicas vasca y catalana, por cualquier hecho acaecido en el que hayan tenido que participar dichos cuerpos policiales, haciendo uso de las atribuciones que les concede la ley, en defensa de los derechos de los ciudadanos que, en demasiadas ocasiones, se vuelven en contra de la actuación policial, sea por exceso o por defecto, por el supuesto uso excesivo de fuerza o, por el contrario, por no haber sido más contundentes los policías o guardias civiles en detener a quienes  vulneran la legalidad que han sido cogidos in fraganti, o bien, después de una ardua investigación de semanas o meses tras las pesquisas de los delincuentes.
            En la más reciente y triste actualidad, han sido los guardias civiles los que han recibido las críticas más duras en todo tipo de medios, siempre de tendencias izquierdistas, por su actuación en los tristes sucesos del 6 de febrero en los que perdieron la vida 15 subsaharianos, ahogados cuando intentaban llegar a Ceuta desde la frontera con Marruecos. Les acusan de haber sido los causantes de dichas muertes por haber disparado pelotas de goma contra los que estaban nadando para llegar a Ceuta y no haberles dado la protección y amparo necesarios, convirtiendo así a los guardias civiles que están en la frontera defendiendo la entrada a nuestro país -y que se ven desbordados por la situación creada y la que puede haber en un futuro cercano si entran los 30.000 subsaharianos que esperan en el monte Gurugú-, en unos "ejecutores" desalmados de quienes estaban desprotegidos e indefensos en medio de las aguas.
            Naturalmente, el Ministerio del Interior ha  expuesto públicamente en su web el vídeo de la actuación de la Guardia Civil en esos momentos y el titular de dicho Ministerio ha tenido que salir en defensa de la actuación escrupulosa de dichos agentes, indicando que, en ningún momento, ha habido una actuación desproporcionada de los mismos agentes, ya que los 15 fallecidos murieron  ahogados en territorio marroquí -no hay que olvidar que muchos de los que intentan llegar hasta aguas españolas no saben nadar- zona donde la Guardia Civil no puede actuar, y sí procedieron a rescatar a 23 subsaharianos que llegaron con vida a aguas españolas.
            No hay que olvidar que el benemérito cuerpo lleva ya haciendo incansablemente -a lo largo de todos los años en los que se están produciendo verdaderas avalanchas de inmigrantes ilegales que llegan en pateras y en condiciones terribles a las aguas españolas-, infinidad de salvamentos de los náufragos, con peligro evidentes para sus propias vidas y realizando una labor humanitaria que pueden confirmar muchos de los supervivientes de tales tragedias, rescatándolos de las aguas, curándolos, dándoles agua y víveres y transportándolos a tierra firme en suelo español, con todo cuidado, atención y desvelo.
            La "progresía de salón" que tanto abunda en este país, aprovecha cualquier acto policial, en el que hayan tenido que actuar conforme a lo que establecen las leyes, sus propios estatutos y reglamentos, en defensa de la seguridad de los ciudadanos y de la observancia de la ley -que es el bien que tienen encomendado y de obligado cumplimiento para la policía y los guardias civiles-, para arremeter contra dicha actuación, tiñéndola siempre de un cariz represor, abusivo y desproporcionado, porque hay un constante deseo implícito en dichas acusaciones de  asimilar y  convertir a las fuerzas policiales en fuerzas represoras al servicio del Gobierno, especialmente si es de carácter conservador y liberal como es el PP. Así se desprestigia al Gobierno y se intenta convencer a la población que  no le voten más. Lo que no se consigue con la fuerza de los votos, se intenta lograr con el uso de la calumnia, la difamación y la mentira.
            Así, la Policía y Guardia Civil se tiñen de un cariz político, y sirven sus actuaciones policiales como arma arrojadiza contra el Gobierno, poniendo siempre un acento de crítica o reproche en si han actuado duramente, y en menor medida y en poquísimas ocasiones, si lo han hecho con falta de rigor o contundencia, según sea el caso. Cuando agreden a un político o periodista afín a la derecha, tal delito no existe, como afirman los falsos "progres", incluso hay jueces que dicen que tales actos delictivos son meras "expresiones de opinión"; pero cuando el afectado por el escrache o insultos es afín a la izquierda, toda actuación policial les resulta siempre poca, ya que son delitos que merecen todo el castigo posible de la ley, según su juicio siempre "democrático".
            Ante esta continua arbitrariedad en el juicio y en la oportunidad de aprovechar hechos luctuosos como los ocurridos el pasado día 6 y protagonizados por los desdichados que perdieron la vida en aguas marroquíes, el ciudadano normal que nunca ha tenido como enemigos a los policías -porque saben que están cumpliendo con una labor de vigilancia y protección inestimable y poniendo en peligro sus propias vidas en defensa de la ley y de la seguridad de todos los ciudadanos por un sueldo irrisorio para el duro y peligroso trabajo que realizan-, sentimos vergüenza de ver a tanto imbécil, muchas veces ignorantes de las leyes, y "revolucionarios de pacotilla", que se ponen en contra siempre de quienes intentan evitar -sin violencia y con las medidas adecuadas y no arbitrarias, la avalancha de quienes quieren entrar a la desesperada en otro país con grave peligro para sus vidas-; o a favor de  los delincuentes, porque son "los buenos de la película" ,sobre todo si son de su misma cuerda  política como los que hacían "escrache" -es decir, acoso y difamación, en español, aunque ahora se ha puesto de moda de usar esa palabra usada en Argentina y Uruguay, derivada del verbo "escrachar" que significa golpear hasta derribar a una persona; y en Uruguay hacer o decir algo que la perjudique ante la opinión pública, término que han adoptado los que no saben hablar español-castellano aunque sean nacionales-, y tildan de "fachas", "tiranos", "asesinos", y lindezas semejantes a los servidores de la ley.

            Sin embargo,  no dudan en llamarlos y reclamar su protección cuando se ven atacados en  sus casas, negocios, o en mitad de la calle por los "inocentes" navajeros, atracadores, ladrones, carteristas, asaltantes de domicilios, etc.,, porque entonces sí que reclaman la presencia y el auxilio policial y que los  agentes detengan a los culpables de los delitos que han sufrido como víctimas para que la ley caiga sobre los delincuentes con todo su peso y sin ningún tipo de consideración, Entonces, los policías son "los buenos", y los delincuentes, "los malos"; pero sólo en esas ocasiones en los que se ven en peligro ante quienes saben cómo  demostrarles quienes son los que, de verdad, llevan la voz cantante y los que mandan, y se saltan todas las leyes, la seguridad y el derecho a la integridad de sus víctimas. Es decir, todas esas cuestiones que la ley defiende y que los "progres de salón" desprecian tanto y  las consideran propias de "fachas" -contradicción lógica con su cacareada condición de "demócratas", pues quien lo es  realmente defiende el imperio de la Ley de cualquier Estado de Derecho en el que aspira a vivir-, desprecio que sienten, menos cuando tienen la navaja pinchándoles la tripa o la escopeta de cañones recortados apuntándoles a la cabeza, porque es entonces cuando piensan que los policías son realmente buenos chicos y guardianes de la ley y los delincuentes son, por fin, lo que son: esa clase de gente que, si no hay quien les haga frente con la profesionalidad y los conocimientos adecuados, se comen a los falsos "progres" y a sus respectivas y respetables madres, con patatas, sin importarles un pimiento si votan al PP, al PSOE o votan en blanco, porque lo único que los hace iguales a todos los ciudadanos es la ley, sobre todo cuando es un policía o un guardia civil el que se juega la vida para defender la vida, los bienes, la integridad moral y física, incluso de quienes lo desprecian por ser un  representante del Estado y que, sin embargo, lucha por defender la ley y la seguridad del supuesto "demócrata", esa ley a la que tantos ascos hacen los progresistas "cantamañanas" que sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, especialmente si los rayos les pueden caer sobre sus huecas cabezas llenas de pajaritos que cantan la Internacional socialista hasta que empiezan a oír los truenos demasiado cerca.