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06 noviembre 2006

Panorama nacional

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El mayo espectáculo del mundo

Hace unas horas ETA acaba de realizar un comunicando, exigiendo al Gobierno, nuevamente, “el cumplimiento de sus compromisos”, que aquel niega que existan, y da un plazo al Ejecutivo hasta el 21 de diciembre para que tome las decisiones, oportunas y visibles, para el ejercicio del derecho a la determinación del pueblo vasco, porque, de lo contrario, la banda terrorista “escribiría de nuevo en rojo” su determinación de llevar hasta el final sus reivindicaciones y exigencias, dando por concluído “el proceso pacificador” y la tregua ¿pero ésta no había finalizado ya?. O sea, dicho en román paladino, o se les da lo que piden o van a dar de nuevo demostraciones contundentes de su deseo de negociación, pacificación y espíritu conciliador pero con fuegos artificiales donde la pólvora será nuevamente la que cierre el fin de fiestas.

No hacen falta más comentarios a esta noticia que no sea incidir de nuevo en lo dicho anteriormente en escritos de semanas atrás. No extraña este nuevo ultimátum de la banda terrorista porque ha demostrado tener siempre constancia en sus propósitos y empeño en conseguirlos a costa de todo y de todos, aunque en ese “todo” siempre son los mismos los que terminan recibiendo las consecuencias, el dolor, el terror y la barbarie y "todos" no son otros que los ciudadanos pacíficos, pacientes y tolerantes, en un continuo ejercicio, doloroso y esforzado, de espíritu democrático que para sí otros quisieran.

Y para seguir hablando de nacionalismos y sus reivindicaciones "pacíficas", no hay que olvidar que la kale borroka continua en el País Vasco y cuyas últimas acciones han sido el ataque a la sede del PNV en Zumárraga (Guipúzcoa) con pinturas rojas y amarillas (los colores de la bandera española, ¡qué casualidad!) y el ataque a un furgón de correos en Guecho (Vizcaya), además de intentar quemar el cajero de una entidad bancaria en dicha localidad. Todo ello sucede en pleno “proceso pacificador”, según asegura el Gobierno y HB y sus aledaños, además del robo de más de doscientas pistolas en Francia, de las que las investigaciones policiales apuntan como autora a ETA, sin duda alguna, así como la alerta que ha despertado entre los escoltas de representantes del PP en Euskadi el hecho de que algunos de dichos cargo están siendo seguidos por afines a la banda; además de las amenazas de etarras en pleno juicio en la Audiencia Nacional a varios miembros de la judicatura y un largo etcétera que demuestra el talante pacificador, democrático y respetuoso con la legalidad que tiene la izquierda abertzale y su deseo de “pacificar” Euskadi, además de su negativa de condenar la violencia por parte de HB y la exigencia reiterada de ésta de que el Gobierno español “cumpla sus compromisos”, aunque éste niega que existen tales compromisos –en esto habría que hacer más caso a los terroristas porque aunque lo son, no pecan de mentirosos y, hasta el momento, lo han demostrado con la contundencia de sus actos que refrendan sus palabras-, y parece ser que en esas exigencias entra la el olvido, tanto de una parte negociadora como de la otra, de las víctimas de la barbarie, encarnadas en las diversas asociaciones de víctimas, que son la memoria viva de una pueblo ultrajado, masacrado y condenado al ostracismo por quienes deberían defenderlas, honrarlas y oír su clamor pidiendo justicia, reparación y que no le quiten, además de haber perdido a sus seres queridos asesinados y del sifrimiento vivido diariamente por los miles de mutilados, la dignidad que sólo les pertenece a quienes -víctimas inocentes de los malditos nacionalismos ahítos de sangre para defender unos derechos que niegan el principal de ellos como es el derecho a la vida-, son los únicos referentes que debe tener un Gobierno como norte para no emprender negociación alguna en la que las víctimas son la moneda de cambio para comprar el silencio cómplice de los verdugos de esa nación española, la que formamos todos y a la que todos los nacionalistas antiespañolistas quieren convertir en una mera mercancía puesta a disposición del mejor postor, porque de todos es sabido de que no hay más nacionalismo que el que auspicia, paga y compra el capital, el mismo que sirve para comprar armas, libertades condicionales, apoyos políticos y, sobre todo, conciencias.

Este país, España, maravillosa nación que es grande en virtudes y en defectos, exagerada, apasionada y vital, trágica en muchas ocasiones y tragicómica en otras, es ahora un circo en el que no nos falta de nada: payasos que despiertan las risas y, sobre todo, muchas lágrimas; fieras que, hambrientas, están dispuestas a despedazar a quien se ponga en su camino, domadores que terminan siendo las primeras víctimas de sus propias fieras, supuestamente amaestradas; funambulistas que andan haciendo un difícil equilibrio entre la legalidad y la ilegalidad, pero con la red tendida y protectora, llamada “negociación”; ilusionistas que sacan de la chistera los Decretos y Leyes más apropiados al caso y hacen desaparecer condenas, ilegalizaciones, compromisos y acuerdos que molestan para conseguir la meta a alcanzar; y trapecistas que hacen equilibrios en las alturas con alianzas increíbles y estrechan manos, agarrándose a ellas, para no caer en el vacío, sabiendo que abajo le miran estupefactos, entre el horror, la emoción y el miedo, los miles, millones de espectadores, que asisten, asistimos, atónitos e incrédulos al mayor espectáculo del mundo en el que la dignidad de un pueblo, la legalidad de un Estado de Derecho y la sangre derramada de miles de víctimas inocentes penden de un hilo, el mismo que separa la vida de la muerte, en esta carambola final a la que todos, espectadores y circenses, nos vemos obligados a realizar, en la oscuridad total a la que nos obligan los que han apagado las luces por temor a que la claridad prevalezca y se sepa, por fin, quién es el que maneja los hilos y, sobre todo, quién es el que sujeta y utilizará las tijeras que cortará los hilos que unen las diversas tierras que forman, y han formado durante siglos, una nación llamada España y que ahora es la arena de un circo en el que se está presentando el mayor espectáculo del mundo, ante la expectación y el miedo de los ciudadanos-espectadores y las risas y sonrisas bobaliconas de los políticos-payasos, el relamerse de gusto de las fieras-separatistas, las piruetas de los trapecista-negociadores y el difícil equilibrio de los funambulistas-legisladores y como fondo el retumbar de los tambores y el olor a sangre fresca que aún permanece en la memoria de todos, especialmente de las víctimas de tanta tragedia circense.

El espectáculo está servido y la vergüenza también, pero lo único que no está servida es España por quienes juraron servirla, honrarla y salvaguardarla. Sólo hay que esperar que la vieja España, que ha sobrevivido a tantas catástrofes y a tantos deseos de desmembrarla, pueda demostrar, una vez más, que sus raíces son fuertes y, aunque han servido para alimentar también a las malas hierbas, saldrá una vez más victoriosa, porque su propia savia hará reverdecer su añoso tronco ya herido tantas veces por el hacha en la que se enrosca la serpiente de la traición de quien quiere parcelarla y venderla al mejor postor y, después, construir, en la parcela restante, una ciudad de vacaciones para que vascos, catalanes y demás “nacionalistas de pro" venga a disfrutar y solazarse en este predio común que han adquirido a precio de ganga.
Ana Alejandre
©copyright 2006. Todos los derechos reservados.

Panorama nacional 2ª



Cataluña y las elecciones autonómicas

La noticia de la semana, con respecto a Cataluña, es el resultado de las elecciones autonómicas catalanas que han dado la victoria, según los resultados cuando se llevaba un 96% del escrutinio realizado, a CIU con 48 escaños, seguida por PSC-CpC con 37, ERC 21 y PP 14, además de la sorpresa que supone los 3 escaños obtenidos por Ciutadans C’p, nueva formación política de duño no nacionalista y de centro-derecha que ha salido a la palestra con estos tres escaños que han sorprendido a todos.

Estos resultados demuestran que el nacionalismo es y será siempre el elegido en aquellas “comunidades históricas”, -término eufemístico para denominar a unas comunidades tan históricas como otras que no gozan del mismo marchamo y tienen más historia que las que así se denominan-, y que en el caso de las elecciones autonómicas catalanas parece que el partido que peores resultados, proporcionalmente a lo esperado y a los de las elecciones anteriores, han sido los del propia CIU, a pesar de haber obtenido más votos que ningún otra formación política, pero oerdiendo escaños con respecto a las elecciones anteriores, con lo que se verá nuevamente forzada a realizar alianzas y llegar, quizás, de nuevo a la necesidad de aceptar la fórmula del “tripartito”, solución ésta última que parecía no querer para esta nueva legislatura.

El segundo partido en votos ha sido el PSC, lo que pone en evidencia el olvido de los catalanes de los buenos servicios que Zapatero ha prestado a Cataluña, en la defensa, apoyo, apología y campaña en pro del nuevo Estatuto catalán, y que demuestra, una vez más, que los catalanes prefieren votar a los “de casa”, antes que a los que vienen “de fuera”, según los planteamientos nacionalistas. Por ello, los socialistas se han quedado en puertas de conseguir escaños suficientes para gobernar, si no en solitario, si con cierta capacidad de maniobra, a pesar de ser tan proclives a defender los nacionalismos, cualquiera que sea, a excepción del nacionalismo español al que se tacha de una idea fascista que creó Franco, en una demostración de cinismo, y olvido voluntario, o ignorancia, de la historia común de todos los españoles y cuyo recuerdo quieren borrar de la memoria colectiva de un pueblo, el español, y de las enseñanzas a las nuevas generaciones, en un intento de cambiar la historia y los hechos, al igual que se preconiza y ensalza supuestas “realidades históricas”, olvidando la principal que engloba, sintetiza y legitima a las demás y que es la de la propia nación española.

Se avecinan otros cuatro años de lo mismo en Cataluña, la misma Comunidad que ensalza su esencia nacional catalana, excluyendo la española, a no ser para llevarse una mayor parte proporcional de los Presupuestos Generales del Estado español, porque, para eso de trincar la pasta, además de expertos en economía y finanzas, los catalanes sí son españoles y, por lo que se ve, más que los habitantes de ninguna otra Comunidad, a juzgar por lo que se llevan de la tarta común y que es un buen pellizco, el mejor de todos, y encima poniendo cara de asco y negando su españolidad, la misma que pagamos todos y encima tenemos que darles las gracias por aceptar tan generosa ofrenda y que para ellos es sólo el débito de un pueblo para con una nación catalana que nos hace el favor a todos de seguir llamándose española, pero, eso sí, de primera.

Ana alejandre

©copyright 2006. Todos los derechos reservados.





El país en el que vivimos



El terrorismo en la vida cotidiana


En esta sociedad tecnificada en la que se ha conseguido un nivel de bienestar desconocido hasta ahora, el gran enemigo que se ha instalado en la vida cotidiana y donde muestra sus peores y más crueles armas para desestabilizar la vida social y personal de cada ciudadano, es el terrorismo instaurado y emergente en cualquier parcela de la actividad personal, desde la laboral a la estudiantil, en forma de acoso laboral o escolar y alcanzando, en muchos y sangrientos casos de maltrato a mujeres, niños y ancianos, a la vida familiar. Parece como si el terror hubiera saltado desde la esfera política como arma para conseguir determinados fines separatistas y siniestros con el recurso fácil pero eficaz del terror a través de los atentados, a las zonas de la vida diaria de cada uno de los ciudadanos y cuya trágica curva de sucesos va en aumento progresivo por una falta de previsión de los hechos antes de que se produzcan los mismos, con daños para las víctimas, y de la consiguiente persecución y castigo de los culpables que, en la actualidad, y por diversas razones, "salen de rositas", es decir, indemnes y libres de tener que afrontar las consecuencias de sus actos malévolos, estúpidos y crueles y de los cuales, muchas veces, no existen justificación, motivo ni razón, ni siquiera ante los propios causantes de los mismos.

Esta incidencia imparable de casos de acoso y derribo de los más débiles, indefensos o inocentes, la pone de manifiesto las noticias de los periódicos que, como las que han sido publicada en los últimos días, hablan de los hechos acaecidos en un determinado instituto de enseñanza media en la provincia de Alicante y la agresión sufrida por un profesor y realizada por un ex alumno de dicho instituto y grabada por una alumna actual, con la cámara de su teléfono móvil, lo que indica la falta de escrúpulos de la supuesta espectadora que es cómplice de la mala bestia que empezó a golpear y dar patadas al profesor que sorprendió a ambos, fumando algo menos inocente que simples cigarrillos, en un aula en la que sólo estaban los dos chicos. Los autores de la agresión actuaban con la impunidad que les proporciona saber que, por su minoría de edad -sólo física porque son ya adultos por su crueldad y falta de inocencia que han demostrado haber perdido hace demasiado tiempo-, sólo iban a recibir una amonestación y si son "hechos aislados2 no pasarían a un centro correccional de menores, por lo que su acto salvaje iba a quedar impune en una sociedad en la que todos: padres, profesores, directores de colegios e institutos, miran para otro lado porque son "actos aislados" o meras "gamberradas" que, por ser menores los autores de semejantes salvajadas, no deben trascender a la opinión pública ni, mucho menos, los nombre y apellidos de los "angelitos" causantes de dichos apaleamientos, porque hay que proteger a semejantes mostrencos y que no se enteren nadie de quiénes, son para salvaguardar así su honor ,y a la víctima que le den por saco.

Parece ser que este tipo de sucesos se repiten con demasiada frecuencia, por lo que se ha llegado a crear un teléfono de ayuda a los profesores acosados y a que un 45% de los profesores de enseñanza media se encuentren actualmente de baja por depresión, debida al acoso, la agresividad, la insolencia y las provocaciones de los energúmenos que, por ser menores de edad, se creen invulnerables ante las consecuencia de sus hechos violentos, más propios de matones y de macarras que de supuestos estudiantes a los que les falta el talante, la actitud, la cultura, la educación y el respeto que cualquier asistente a unas aulas debe tener, por el mero hecho de tener el privilegio de asistir a un centro docente a estudiar, y que demuestran que no aprovechan ni merecen ese supuesto "derecho" a la formación y a la cultura, porque esas malas bestias no asimilan ni tienen el menor interés en aprender lo que, para ella,s no tiene ningún interés si no va acompañado de la emoción que proporciona la violencia ejercida contra el prójimo. Y lo malo es que para "educar" y "formar" a esta panda de adolescentes y jóvenes violentos que sólo saben decir cuáles son sus supuestos derechos, pero ignoran los de los demás y sus correspondientes obligaciones, la factura la pagamos entre todos, empezando por los padres, aunque algunos, a veces, son tan cabestros como sus hijos, lo que demuestran algunos casos publicados en la prensa en los que, cuando el chico/a llega a casa diciendo que un profesor "le ha cogido manía", el padre va a hablar con el docente y en vez de intentar saber las razones de por qué el tarugo de su hijo no aprueba las asignaturas, quiere convencer al profesor de turno de lo que son buenas maneras, agrediéndole sin mediar palabra, en una clara manifestación de que la brutalidad sólo puede dialogar a base de golpes e insultos, porque si la fuerza bruta es terrible, lo es más aún la razón bruta que no atiende a razones por no estar acostumbrada nada más que a la contundencia de la sinrazón ejercida únicamente a puñetazos.

Días más tarde, en un instituto de Ponferrada también una estudiante de trece años sufre la fractura triple de una pierna porque otras tres compañeras -aunque habría que llamarlas psicópatas en ejercicio por las razones que adujeron para realizar tal agresión y que fue únicamente, según sus propias manifestaciones a la madre de la agredida, que "no tenían a nadie más cercano para acosar que a la propia víctima"-. Naturalmente, la familia de la estudiante agredida solicita que sean expulsadas las tres agresoras y que no sea su hija, la víctima de la agresión, y al contrario de lo que ha sucedido en otros casos, la que tenga que cambiar de instituto, cuya petición además de lógica y justa es evidente que no habría que justificar como tienen que hacer los padres de esta nueva víctima del acoso escolar, de la barbarie, la violencia y la agresividad descontrolada en mentes que ya no son infantiles, sino que muestran la conciencia de los actos que cometen y la falta de escrúpulos para llevarlos a cabo, además de carecer de ningún tipo de remordimientos, una vez realizsdos.

Actualmente, se está llevando a cabo una recogida de firmas para solicitar que a los menores de catorce años también se les aplique la Ley del Menor, aunque más bien habría que realizar una profunda reforma de ésta para que no salieran a los dieciocho años a la calle y limpios de culpa aquellos jóvenes que, con delitos atroces a sus espaldas como pueden ser el asesinato, la violación o las agresiones más violentas, una vez cumplida la estancia en los centros correccionales salen con la mayoría de edad recién cumplida y la misma agresividad patológica en sus mentes, en las que no cabe la menor capacidad de empatía, respeto al prójimo y, menos aún, remordimientos por el daño causado. En Inglaterra, cuando los menores que han delinquido con acciones de extrema gravedad, salen del correccional de menores por la mayoría de edad, pasan a la cárcel para seguir cumpliendo la condena como adultos que ya lo son quienes, por el tipo de delitos cometidos, no eran -entonces ni nunca antes de alcanzar la mayoría de edad-, menores, por sobrarles maldad e instinto criminal y faltarles el arrepentimiento que, en la mayoría de los casos, es tan inexistente como su deseo de no volver a cometer nuevas atrocidades.

Es necesario que la minoría de edad de quienes, por sus actos, demuestran ser adultos depravados, no beneficie a los autores de semejantes barbaridades que dejan a las víctimas con lesiones físicas y psíquicas, como son el profesor agredido que está realmente afectado psicológicamente por el suceso violento del que ha sido protagonista, además de las lesiones varias con fracturas de costillas incluídas, y la alumna que arrastra una triple lesión que puede dejarle secuelas de por vida, además de la depresión consiguiente que le impide querer volver a las aulas, ni siquiera salir de casa, por el terror de sufrir una nueva agresión de esas tres psicópatas a las que habría que expulsar del centro docente, denunciar -lo que ya han hecho los padres de la víctima-, y llevar a los Tribunales y que sus padres, como menores que son, se responsabilizaran de los daños causados por semejantes energúmenas con instintos asesinos y, además de un estudio psicológico adecuado, pasaran una temporada en un correccional, sin considerar hechos así como "casos aislados" sin importancia; actitudes éstas consentidoras e indiferentes que están llenando las aulas, las calles y las familias de pequeños monstruos que devorarían a sus propios padres, si con ellos no se llevaran la llave de la despensa para alimentar a semejantes especímenes en los que se adivina la falta de una educación basada en el esfuerzo, la enseñanza de valores, entre ellos el respeto al prójimo, y la aceptación de que todo hecho tiene unas consecuencias para sus autores, además de para las víctimas que lo sufren, y de las que ni la minoría de edad, la falta de control y de autoridad de padres, profesores e instituciones, les salvaría de afrontarlas. Y, además de todo lo anterior, les hubieran hecho falta unas buenas bofetadas que debieron recibir años atrás, cuando cometieron sus primeras "travesuras-bestialidades", que les hubieran aclarado las ideas, quitado las ganas de repetirlas y el bolsillo de sus padres no tendrían que pagar, años después, los daños causados por sus "angelicales" hijos.

Es necesaria menos tolerancia ante estos monstruos que graban sus propias agresiones para divertirse después y venderlas por doscientos euros, como en el caso de la chica que grabó la agresión en su móvil y sus compañeros intentaban vendérsela a los periodistas que cubrieron el caso, en un regateo vergonzoso en plan mafioso, traficando con la prueba gráfica de un delito de lesiones, y más aplicación rigurosa de la justicia; además de intentar la posibilidad de que los agresores sean identificados públicamente, pues todos lo coabardes temen ser descubiertos ante la opinión pública -aunque la Ley no permite tal opción en el caso de los menores-, porque a las víctimas de estos cobardes, siempre agrupados en manadas o jaurías, sí las identifican claramente sus agresores como objetivos de su violencia y sadismo y las convierten en blanco de sus burlas públicamente; ya que, si no se les para los pies, todos estos hijos de puta, trufados de agresividad y violencia gratuita, volverán a llenar las páginas de los periódicos, antes o después, con nuevas "gamberradas" transmutadas en delitos sangrientos y esta vez si saldrán con nombres y apellidos que los identifiquen y a sus víctimas sólo las sacarán con los pies por delante; pero siempre después de que el daño esté hecho y la víctima sea la única que pague la inoperancia de todos los que deben velar para que no existan estos hechos que pudieron evitarse y, sobre todo, el dolor gratuito y evitable de quienes lo padecen.
Ana Alejandre

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