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13 octubre 2009

Situación económica española



Situación económica española


por Ana Alejandre

Según afirma el Fondo Monetario Internacional, la economía española está en la peor situación y que España pasará por dificultades económicas durante “bastante tiempo” y propone al Gobierno español que reduzca el déficit presupuestario, rebajando, especialmente, el gasto público, haciendo la necesaria reforma del mercado laboral y mejorando la competitividad. Según afirma el FMI, España necesita “una reestructuración fundamental” de su economía, ya que su crecimiento ha caído más que casi ningún otro país europeo, según afirma el director del departamento de Europa.
Igualmente, manifiesta que España pasará por dificultades y situaciones bastantes estrechas durante bastante tiempo, ya que España es el único país de la eurozona donde se prolongará la recesión en 2010. “El déficit presupuestario tiene que ser corregido en España”, insistió el responsable del Fondo que afirmó que “nosotros pondríamos más énfasis en los recortes de gastos para evitar perjudicar la recuperación frágil y añadió que esa medida supondría frenar la actividad económica a corto plazo, pero será esencial para apoyar un crecimiento sostenible a largo plazo.
Sin embargo, el gobierno español trató de restar importancia a las previsiones anuales del Fondo, afirmando que “la posibilidad de error del FMI es muy grande”, en un alarde de ignorancia económica y prepotencia al que nos tiene tan acostumbrados, que provoca que esta situación económica desastrosa sea cada vez más arraigada, ya que las medidas son siempre las contrarias a las que han tomado otros países de la zona del euro, lo que les ha permitido ir saliendo del pozo negro de la crisis.

El PSOE, sin embargo, en esa actitud continua de querer no ver lo que tiene delante, lo que nos lleva a todos al desastre, prefiere tachar de infundadas las palabras de expertos en economía y siguen cometiendo dislate tras dislate, con los resultados que todos conocemos y sufrimos. A pesar de ello, afirman miembros del Gobierno, le van a explicar al FMI que la recuperación empezará en España en 2010, quizás en la segunda parte del año, -o en 2011, 0 2012. o cuando sea, pero que en algún año o decenio será, le ha faltado por decir a la Ministra Salgado—porque según, afirmó dicha señora, “siempre creemos que tenemos mejor información que el FMI”, de lo cual no parece estar demasiado segura y los españoles menos aún de que lo estén.
Además, el FMI ha pedido al Gobierno español que reforme el mercado laboral, ya que “España se ajusta en volumen y no en precios” afirmó Chopra, refiriéndose a que se están destruyendo puestos de trabajo con los despidos consiguientes, pero no se bajan los salarios, por lo que es necesario un reajuste decidido del mercado laboral para fomentar la creación de empleo.

Así como estamos, por la inoperancia del Gobierno en estas materias como en otras muchas, prefieren que los pocos que trabajan cobren lo mismo, sin rebajas, y que la mayoría esté en paro para no “afectar sus condiciones de trabajo”. Es decir, los derechos de los trabajadores ante todo, aunque no haya puestos de trabajo y, por ende, trabajadores para ocuparlos, porque, al paso que vamos, habrá cada vez más parados “con todos los derechos reconocidos virtualmente”, pero sin ningún puesto de trabajo real y efectivo, ante la situación creada y la falta de una reacción adecuada por parte de quien tiene “las ideas muy claras” y “las cuentas muy oscuras” y sin visos de mejorar, porque lo importantes es que los trabajadores no pierdan derechos, aunque para ello tengan que perder el derecho a conseguir un puesto de trabajo, que es, a fin de cuentas, lo que todo parado quiere, necesita y reclama..
Con este presente y este Gobierno, no es extraño que el FMI veo el futuro de España oscuro y difícil y los españoles nos preguntemos cada día si es que, de verdad, tenemos algún futuro.
Y a pesar de ello, la ONU le ha vuelto a dar a España un puesto entre los países con mejores condiciones de vida, según un informe que fue creado con los datos anteriores a la crisis económica. Dicho documento sitúa a España en el puesto decimoquinto, uno mejor que en 2006, pero mucho más bajo que el alcanzado en 1995 que era la novena posición. Por delante sitúa a países con un nivel muy alto: Irlanda (5), Francia (8), Estados Unidos (13).
Igualmente, España cuenta con uno de los índices más altos de expectativa de vida: 80,7 años, superado sólo por los 81 de Australia, 81,4 de Suiza y los 82,4 de Japón. Asímismo, está en el puesto 27 de renta y escolarización.
Visto lo cual, se deduce que el mayor índice de expectativa de vida permitirá a muchos españoles a llegar a conocer la salida de la crisis económica, porque vivirán suficientes años para ello –ésta es la única seguridad que tiene el español medio-. Este es el único aliciente que los diferentes informes ofrecen a los ciudadanos españoles: buenas expectativas de vida, aunque la posible vida no sea tan buena porque tener, lo que se dice tener, tiene cada ciudadano muchos derechos a la educación, la vivienda, la justicia, la sanidad y a un trabajo digno. Todos estos derechos están reconocidos, pero el problema es que por no rebajar ninguno de estos derechos en esta época de vacas flacas, vamos a quedarnos con los derechos "a secas" y no vamos a poder llevar a la práctica los deberes, porque no va a haber trabajo, ni vivienda por no poder pagar la hipoteca, ni cotizaciones a la seguridad social con lo que eso hace peligrar a las pensiones, la asistencia médica y un largo etcétera que nos acerca demasiado a la realidad de un pronóstico, el del FMI, que es desalentador, pero lúcido en el análisis y demoledor en sus consecuencias.

Con esta oscura realidad económica y las "buenas condiciones de vida" de las que gozamos, sobre todo en la expectativa de vida, sólo nos queda la esperanza de que la economía resurja y puedan disfrutar sus beneficios los hijos y nietos de los que ahora sólo aspiran a tener un poco menos de "derechos" y más trabajo real y efectivo, porque los unos sin el otro son papel mojado y una entelequia que no entienden los estómagos vacíos y los números rojos en la cuenta corriente, y eso sí que es un peligro para la larga expectativa de vida.

Una derrota anunciada demasiado tarde





La victoria de Brasil como sede de los Juegos Olímpicos de 2016 -a pesar de que reconocen los propios brasileños que no tienen construidos ni los cimientos de la ciudad olímpica, ni cuentan con la infraestructura necesaria para la celebración de la Olimpiada de ese año, cuestión ésta que España si tenía resuelta, por lo que ha presentado la mejor candidatura en cuanto a organización y elementos necesarios para tal evento deportivo-, no quita la sensación de fracaso que los españoles tienen, tenemos, al ver cómo priman más las cuestiones políticas, en cuanto a la elección de la sede en la que cuenta más la cuestión del área geográfica o continente donde se halla situado el país candidato que en la buena organización, medios disponibles, y demás factores que pueden repercutir en el éxito o el fracaso de un evento magno como es cada Olimpiada.
Ahora surgen las críticas hacia Gallardón, haciendo verdad lo que dice el refrán de que “de árbol caído todos hacen leña”. Sin embargo, si hubiera ganado España, como en puridad le correspondía por las excelencias demostradas y demostrables de la candidatura española que fue apreciada por el comité del C.O.I en su día, todos hubieran sido alabanzas a la buena gestión del alcalde de Madrid que ha luchado, desde el primer momento, por ofrecer una candidatura en la que primara la excelente organización, las construcciones y obras hechas a tal efecto, el remodelado y puesta a punto de Madrid, sin dejar nada a la improvisación ni a la buena ventura. Los que critican el mal fallo para los intereses españoles deberían reflexionar antes de hablar, ya que el fallo no se ha debido a que Brasil haya ganado a España en bonanza organizativa, sino a una simple decisión política que trata de no elegir la sede olímpica en el mismo continente que en veces anteriores.
Sin embargo, si los que critican ahora el gasto cuantioso de las obras hechas para presentar dicha candidatura olímpica, viendo el fracaso de la misma, serían los primeros en acusar a Gallardón y a su equipo de haber anulado las expectativas españolas al respecto por no haber hecho todo lo posible para ofrecer lo mejor como estímulo para conseguir ser elegidos, achacando en este caso, de haber sido rechazada dicha candidatura, la culpa de todo a la falta de gasto, de obras, de preparación y de adecuación de la ciudad de Madrid para recibir a los Juegos Olímpicos.
Es decir, se critica lo hecho por resultar superfluo, pero costosísimo para lar arcas municipales en época de crisis, por los cantamañanas de siempre, por considerar dichas obras innecesarias, sabiendo –lo saben ahora pero no cuando apoyaban con entusiasmo a la candidatura española- que Madrid no sería elegido por estar en Europa; pero, igualmente, criticarían a Gallardón si no hubiera hecho y emprendido tales obras, achacando el fracaso a la falta de adecuación de la ciudad como sede olímpica.
Es curioso ver como nadie acepta el fracaso de las ilusiones, sean cuales fueran el motivo de la derrota, y siempre se busca al chivo expiatorio que pague por lo que ha hecho de más “a sabiendas del no”, como hubieran también culpabilizado de ese “no” a la falta de confianza de obtener un” sí” y no haber obrado en consecuencia.
Lo difícil no es asumir la derrota, con motivos o sin ellos, con culpa o sin ella, sino lo difícil para algunos es no culpabilizar siempre a quien se le pide, por un lado, que haga todo lo que pueda para conseguir el éxito y, por otra parte, se le culpabiliza de la derrota, de esa misma derrota que todos proclaman haber esperado desde el principio y a la que nunca supo intuir el responsable del gasto, de la candidatura y de la falta de previsión, en el supuesto de haber sido así. Y, siguen diciendo los que no asumen la frustración y aprovechan la ocasión para arremeter contra el adversario político, que si Gallardón hubiera pensado antes en la imposibilidad de la elección de España como sede olímpica, así se hubiera ahorrado el dinero y las molestias, a sabiendas de que era imposible conseguir la meta, esa que ahora todos saben, sabían, que era inalcanzable.
El cinismo, una vez más, da buena prueba de que hay quienes lo saben todo, pero siempre a posteriori, porque lo dicen sólo cuando ya se saben los ressultados, para señalar el fallo, la culpa, el fracaso, pero su dedo acusador nunca señala a la verdadera causa de la derrota, sino a quien debía conseguir el éxito a toda costa y, lo más extraño, es que según dicen después los sabelotodos, nunca creyeron en la victoria, a pesar de haberla apoyado a priori con entusiasmo..

10 marzo 2009

Crisis económica o desastre económico

por Ana Alejandre


La crisis económica se ha planteado ya en su más absoluta gravedad. El Gobierno, desde hace unos meses, no puede seguir negando la negra realidad de la economía nacional que antes trataba de minimizar y, cuando no, rechazar completamente.

Los números cantan y el siniestro desfile de siete mil nuevos parados diarios es un argumento contundente que no admite réplica alguna porque la realidad se impone en su crudeza innegable hasta para los mayores optimistas, para los mismos que antes de las últimas elecciones calificaban de “antipatriotas” a los del PP porque exigían al Gobierno de Zapatero que asumiera ese pozo económico en el que España se estaba sumiendo y cuya afirmación fue contestada por el propio Gobierno y sus adláteres, calificándola como una invención del partido en la oposición porque quería desestabilizar la democracia, al propio Gobierno, y tratar de impedir la victoria renovada del PSOE, en base a invenciones de la oposición que carecían de credibilidad alguna porque, según afirmaba el Gobierno, la economía nacional estaba boyante y el futuro era esperanzador.

Ahora se está comprobando con la dureza de los hechos quién tenía razón y quién mentía. Sin embargo, ya es tarde para quienes confiaron en las palabras del PSOE que negaba una realidad que se ha impuesto y a la que ya es imposible disfrazar de “recesión”, o “desaceleración” que eran los términos usados por el PSOE, empezando por el propio Zapatero, y la palabra crisis o, peor aún, desastre económico, ya es aceptada por todos: miembros del Gobierno, militantes del PSOE, simpatizantes y, por supuesto, por quien denunció dicha realidad antes de las elecciones, Rajoy, siendo acallado por quienes veían peligrar los votos que los retendrían en el poder a costa de mentiras, falsedad y falso optimismo en una situación que les desbordaba y que nos hunde a todos en el mar sin fondo de la incertidumbre económica sin tener idea de adónde dirigirnos para conseguir salvarnos de este naufragio.

Se le achaca esta situación económica desastrosa a la subida de los combustibles, aunque han vuelto a bajar, a la situación económica internacional tan peliaguda, al estallido de la burbuja inmobiliaria, a la crisis bancaria internacional, al fracaso hipotecario de Estados Unidos y un largo etcétera que pueden explicar, por la suma de todos estos factores, el resultado final de catástrofe financiera, pero lo que no se puede olvidar es que el Gobierno ha estado ocultando la verdad, sin ningún tipo de rubor, a la opinión pública y sólo ha reconocido la cruda realidad cuando se ha visto desbordado por la propia dinámica interna de los factores económicos que entran en juego y que arroja un saldo final de jaque mate a la economía nacional.

Y ahora el problema se agudiza, pues si antes no lo reconocía como tal, ahora que sí lo hace no se advierte ninguna plan de choque urgente y drástico para insuflar energía a la maltrecha economía, al mercado de trabajo que es su termómetro principal, al problema de la caída en picado de los créditos debida a la desconfianza de su posible recuperación, al cierre de pequeñas y medianas empresas que se encuentran completamente desarmadas ante la falta de ayudas, de créditos, de medidas fiscales beneficiosas para la continuidad en el negocio, o empresa, y para la creación de empleos que imposibilitan unas leyes laborales y fiscales que se han quedado obsoletas e inadecuadas para los problemas que tiene la economía nacional y su sector primario que es, al fin y al cabo, el que ha sido siempre el puntal económico de este país.

La entrega de dos bombillas de bajo consumo a cada ciudadano que pague el recibo de la luz no es sólo un chiste, en cuanto a medida para combatir la crisis, sino que indica, incluso a cualquiera que no sea especialista, la falta de ideas, de proyectos viables, de soluciones necesarias que tiene el Gobierno para plantarle cara a una situación que, o se coge a tiempo y se le da remedio, según dicen los especialistas financieros, o el agujero que se está abriendo a los pies de los ciudadanos es de tal magnitud que amenaza con engullir a todos: empresarios, trabajadores, instituciones financieras, Gobierno y a la propia democracia, por la inestabilidad política que siempre favorece situaciones de emergencia como la que estamos padeciendo los españoles. Aunque se intenta justificar la situación, aduciendo que también la sufren otros muchos nacionales de países limítrofes, esta constatación no nos sirve nada más que para hacernos caer del burro de la opulencia, de la confianza en la que vivíamos, en la falsa creencia de que esa bonanza económica era real y no ficticia como se ha demostrado después y, lo peor de todo, que ha creado la desconfianza en un futuro que se nos presenta más amenazador que nunca, porque el propio Gobierno está dando una serie de señales de alarma de que no tiene idea por dónde ir, qué decisiones tomar, ni tampoco qué hacer que no sea el sistema tan utilizado por el PSOE que consiste en culpabilizar a la oposición de los problemas creados durante el mandato del partido en el poder, olvidando que se encontró las arcas públicas llenas y la economía saneada.

Pero como sucede siempre, y para poder entender este desastre nacional, habrá que pensar que la explicación a esta falta de soluciones es la de que, según el PSOE, la culpa de esta situación catastrófica la tiene el PP, Rajoy, Esperanza Aguirre, Gallardón, la Conferencia Episcopal Española y, por si fueran pocos, Bin Laden, y es a ellos a quienes les corresponde sacar las castañas del fuego y a España del atolladero.