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30 agosto 2014

España en la encrucijada

AnaAlejandre                                                                                                                   


            Este último semestre -que no trimestre por el largo tiempo que ha pasado desde que actualicé este blog por última vez por diversas causas que me lo han impedido-, es un semestre plagado de sobresaltos, anuncios inesperados como la abdicación de D. Juan Carlos en su hijo, el Príncipe de Asturias -desde el 19 de junio, S. M.  Felipe VI-, por causas que, aunque se intuyen, no han sido explicadas suficientemente,  pero la salud deteriorada de D. Juan Carlos parece ser la primera y principal de ellas.
            Esta abdicación y posterior proclamación del nuevo Rey, parece haber acallado todos los rumores, no agradables, desde luego, que suscitaba la Casa Real en los últimos tiempos por diversos motivos, siendo el principal la implicación del marido de la Infanta Doña Cristina, Iñaqui Urdangarín, en el caso Noos, y la posterior investigación sobre el papel de la Infanta en los turbios tejemanejes de su marido para su posible imputación que no se ha llevado a cabo por la probada no intervención de la Infanta Cristina en los chanchullos que han llevado a su marido al banquillo de los acusados, a pesar de que la Fiscalía no parece estar conforme con la decisión del juez Castro, tan puntilloso, de no imputar a ambos cónyuges.
            El nuevo Rey, por su juventud, trae aires nuevos a la Corona y parece gozar de la simpatía de la mayoría de las fuerzas políticas-, exceptuando, claro está, las que son eminentemente republicanas que han pedido insistentemente que la Monarquía desapareciera de España como  titular de la Jefatura del Estado, aunque sin conseguirlo por ahora- que ven en los nuevos aires que trae el cambio en la Corona un respiro ante los tensos momentos que se están viviendo en España entre chantajes y amenazas separatistas, crisis económica, casos de corrupción constantes, cada uno más escandaloso que el anterior.
            Felipe VI, además de ser un joven Rey, también tiene una gran preparación para la alta responsabilidad que le compete, aunque no estará nunca su camino libre de espinas, porque no olvidemos que la Historia de España, en los dos últimos siglos, fue bastante intensa y cambiante, por  las revoluciones, golpes de Estado, sonadas y demás pronunciamientos en contra de sus antecesores en el Trono, algunos con mayor o menor éxito para sus ejecutores, pero que convirtieron al siglo XIX, y mitad del siglo XX, especialmente, en unos siglo convulsos y llenos de sobresaltos políticos, cuando no  de guerra civil.
            Por otra parte, el pulso soberanista al Gobierno que le está haciendo desde hace años el separatismo catalán, con Artur Mas a la cabeza, sigue siendo el principal escollo para este país que está tratando de salir de la crisis a base de esfuerzos y sacrificios, con la amenaza de que el 11 de noviembre se hará una consulta soberanista -completamente anticonstitucional e ilegal-, anunciada a bombo y platillo por Mas y su gobierno ante sus electores, aunque desde la reunión mantenida por Mas, este verano, con el Presidente Rajoy, admite en privado, como afirma el Presidente de la Sociedad Civil Catalana, Bosch, ya que le dijo el propio Mas  que no se celebrará dicha consulta, porque no hará nada ilegal, aunque calla que si el Gobierno presenta una recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional, esta consulta sería suspendida inmediatamente hasta esperar el fallo de dicho alto Tribunal.
            Ante esa posibilidad  de suspensión de la consulta, ERC, socio de Mas en el gobierno catalán, pide su celebración a toda costa -en un ejemplo de talante democrático que demuestra su verdadero caríz político-,  para seguir dando su apoyo a Mas, mientras otras formaciones políticas pro consulta quieren preguntar a sus bases que, en caso de celebrarse, si apoyarían la independencia de Cataluña, lo que demuestra que no están seguros de que la supuesta independencia sea un bien para Cataluña o todo lo contrario, ni tampoco cuál es la intención de votos de sus afiliados.
            Por si todo esto fuera poco,  el caso Pujol, ha puesto contra las cuerdas a la familia Pujol Ferrusola por delito de corrupción, dejando al que fue ex Presidente de la Generalitat ante una situación  incómoda que le viene grande, tanto como el capital que se han llevado fuera de España y que parece provenir -los Jueces tendrán que determinarlo-, de la corrupción continua en sus años de mandato y de la actividad de su hijo que, de activo empresario, ha pasado a ser un supuesto delincuente de guante blanco que ha robado a espuertas a los catalanes y, por ende, a todos los españoles, aprovechándose de las influencias de su padre, lo que no es muy raro en estas familias en las que se entremezclan la política y los negocios y no se sabe bien donde termina una y empiezan los otros.
            El caso ERE en Andalucía, protagonizado por el Gobierno socialista de dicha Comunidad, es otro aldabonazo a la conciencia de todos los españoles que ven entre el estupor, la indignación y la impotencia como quienes siempre han dado lecciones de ética política en sus declaraciones y críticas, están involucrados en un caso de corrupción gravísimo al que la jueza Alaya             -extraordinaria profesional de la judicatura-, va analizando con lupa los miles  de folios del Auto de procesamiento y entresacando nuevas pruebas, nuevos imputados y más millones  estafados a sumar a ese vergonzoso escándalo.
            Además, se suma a estos graves problemas, los escarceos fronterizos de las fuerzas de seguridad españolas y marroquíes con la oleada imparable de inmigrantes ilegales que intentan entrar en nuestras fronteras, primero saltando la valla y, cuando ha aumentado los medios de seguridad que lo dificultan, entrando en pateras que, como una oleada siempre inacabada, va trayendo a los más infortunados del área subsahariana que quieren entrar en España para encontrar un futuro mejor que el que les ofrece sus respectivos y pobres países, ignorando que van a caer en España en la más absoluta indigencia, cuando no en la delincuencia  -el problema de seguridad que ello representa para nuestro país-, acuciados por el hambre, la miseria, la soledad y el abandono.
             A todo esto se suma el paro juvenil que en España llega hasta un espantoso 50%, haciendo que muchos jóvenes tengan que marcharse a otros países buscando horizontes más seguros y prometedores; que  forman parte de los 4.500.000 españoles que aún están censados como parados; la creación de puestos laborales ralentizada por el clima de inseguridad política que se ha cernido sobre España en estos últimos meses y los diversos frentes a los que ha tenido que enfrentarse el actual Gobierno, consiguiendo que la prima de riesgo baje hasta límites históricos que atrae a inversores extranjeros, lo que va creando, poco a poco, un clima de confianza que separatistas catalanes y la izquierda inoperante para todo lo que no sea destruir -en lo que es una verdadera experta-, intenta combatir, porque como dice el refrán "A río revuelto, ganancia de pescadores".
            Totum revolotum al que se suma la nueva formación política con su ambiguo eslogan que le da nombre  "Podemos" -tendría que definir que es lo que "podemos", si no es poner todo patas arriba todo el país y cargarse lo ya conseguido por quienes no dicen "podemos, sino "hacemos"- y, con ese impreciso y sugerente nombre que no compromete a nada, quiere robarles votos al PSOE y a los comunistas entre los votantes indecisos, a quienes ese "podemos" les debe sonar a música celestial en una gigantesca barra libre para todos.
            Este otoño se presenta lleno de contrastes, peligros y dudas, porque la encrucijada en la que estamos, según se resuelva, puede definir el futuro de España en los próximos años. Por eso, ciertos sectores -separatistas, nacionalistas, izquierda ultramontana, antisistemas y busca-follones profesionales-  intentan continuamente crear crispación, porque si  "no ganan ellos, prefieren que perdamos todos".

            Y el otoño está a la vuelta de la esquina con sus bajadas de temperaturas, aunque todo anuncia que será un otoño caliente política y socialmente, lleno de sobresaltos.

22 febrero 2014

El acoso a las Fuerzas de Seguridad del Estado




            Desde un tiempo a esta parte y, especialmente desde que ganó las elecciones generales el PP, se ha recrudecido el acoso sistemático y generalizado, en algunos medios de comunicación, contra las Fuerzas de Seguridad del Estado, especialmente la Guardia Civil y la Policía Nacional y, en mucha menor medida, contra las policías autonómicas vasca y catalana, por cualquier hecho acaecido en el que hayan tenido que participar dichos cuerpos policiales, haciendo uso de las atribuciones que les concede la ley, en defensa de los derechos de los ciudadanos que, en demasiadas ocasiones, se vuelven en contra de la actuación policial, sea por exceso o por defecto, por el supuesto uso excesivo de fuerza o, por el contrario, por no haber sido más contundentes los policías o guardias civiles en detener a quienes  vulneran la legalidad que han sido cogidos in fraganti, o bien, después de una ardua investigación de semanas o meses tras las pesquisas de los delincuentes.
            En la más reciente y triste actualidad, han sido los guardias civiles los que han recibido las críticas más duras en todo tipo de medios, siempre de tendencias izquierdistas, por su actuación en los tristes sucesos del 6 de febrero en los que perdieron la vida 15 subsaharianos, ahogados cuando intentaban llegar a Ceuta desde la frontera con Marruecos. Les acusan de haber sido los causantes de dichas muertes por haber disparado pelotas de goma contra los que estaban nadando para llegar a Ceuta y no haberles dado la protección y amparo necesarios, convirtiendo así a los guardias civiles que están en la frontera defendiendo la entrada a nuestro país -y que se ven desbordados por la situación creada y la que puede haber en un futuro cercano si entran los 30.000 subsaharianos que esperan en el monte Gurugú-, en unos "ejecutores" desalmados de quienes estaban desprotegidos e indefensos en medio de las aguas.
            Naturalmente, el Ministerio del Interior ha  expuesto públicamente en su web el vídeo de la actuación de la Guardia Civil en esos momentos y el titular de dicho Ministerio ha tenido que salir en defensa de la actuación escrupulosa de dichos agentes, indicando que, en ningún momento, ha habido una actuación desproporcionada de los mismos agentes, ya que los 15 fallecidos murieron  ahogados en territorio marroquí -no hay que olvidar que muchos de los que intentan llegar hasta aguas españolas no saben nadar- zona donde la Guardia Civil no puede actuar, y sí procedieron a rescatar a 23 subsaharianos que llegaron con vida a aguas españolas.
            No hay que olvidar que el benemérito cuerpo lleva ya haciendo incansablemente -a lo largo de todos los años en los que se están produciendo verdaderas avalanchas de inmigrantes ilegales que llegan en pateras y en condiciones terribles a las aguas españolas-, infinidad de salvamentos de los náufragos, con peligro evidentes para sus propias vidas y realizando una labor humanitaria que pueden confirmar muchos de los supervivientes de tales tragedias, rescatándolos de las aguas, curándolos, dándoles agua y víveres y transportándolos a tierra firme en suelo español, con todo cuidado, atención y desvelo.
            La "progresía de salón" que tanto abunda en este país, aprovecha cualquier acto policial, en el que hayan tenido que actuar conforme a lo que establecen las leyes, sus propios estatutos y reglamentos, en defensa de la seguridad de los ciudadanos y de la observancia de la ley -que es el bien que tienen encomendado y de obligado cumplimiento para la policía y los guardias civiles-, para arremeter contra dicha actuación, tiñéndola siempre de un cariz represor, abusivo y desproporcionado, porque hay un constante deseo implícito en dichas acusaciones de  asimilar y  convertir a las fuerzas policiales en fuerzas represoras al servicio del Gobierno, especialmente si es de carácter conservador y liberal como es el PP. Así se desprestigia al Gobierno y se intenta convencer a la población que  no le voten más. Lo que no se consigue con la fuerza de los votos, se intenta lograr con el uso de la calumnia, la difamación y la mentira.
            Así, la Policía y Guardia Civil se tiñen de un cariz político, y sirven sus actuaciones policiales como arma arrojadiza contra el Gobierno, poniendo siempre un acento de crítica o reproche en si han actuado duramente, y en menor medida y en poquísimas ocasiones, si lo han hecho con falta de rigor o contundencia, según sea el caso. Cuando agreden a un político o periodista afín a la derecha, tal delito no existe, como afirman los falsos "progres", incluso hay jueces que dicen que tales actos delictivos son meras "expresiones de opinión"; pero cuando el afectado por el escrache o insultos es afín a la izquierda, toda actuación policial les resulta siempre poca, ya que son delitos que merecen todo el castigo posible de la ley, según su juicio siempre "democrático".
            Ante esta continua arbitrariedad en el juicio y en la oportunidad de aprovechar hechos luctuosos como los ocurridos el pasado día 6 y protagonizados por los desdichados que perdieron la vida en aguas marroquíes, el ciudadano normal que nunca ha tenido como enemigos a los policías -porque saben que están cumpliendo con una labor de vigilancia y protección inestimable y poniendo en peligro sus propias vidas en defensa de la ley y de la seguridad de todos los ciudadanos por un sueldo irrisorio para el duro y peligroso trabajo que realizan-, sentimos vergüenza de ver a tanto imbécil, muchas veces ignorantes de las leyes, y "revolucionarios de pacotilla", que se ponen en contra siempre de quienes intentan evitar -sin violencia y con las medidas adecuadas y no arbitrarias, la avalancha de quienes quieren entrar a la desesperada en otro país con grave peligro para sus vidas-; o a favor de  los delincuentes, porque son "los buenos de la película" ,sobre todo si son de su misma cuerda  política como los que hacían "escrache" -es decir, acoso y difamación, en español, aunque ahora se ha puesto de moda de usar esa palabra usada en Argentina y Uruguay, derivada del verbo "escrachar" que significa golpear hasta derribar a una persona; y en Uruguay hacer o decir algo que la perjudique ante la opinión pública, término que han adoptado los que no saben hablar español-castellano aunque sean nacionales-, y tildan de "fachas", "tiranos", "asesinos", y lindezas semejantes a los servidores de la ley.

            Sin embargo,  no dudan en llamarlos y reclamar su protección cuando se ven atacados en  sus casas, negocios, o en mitad de la calle por los "inocentes" navajeros, atracadores, ladrones, carteristas, asaltantes de domicilios, etc.,, porque entonces sí que reclaman la presencia y el auxilio policial y que los  agentes detengan a los culpables de los delitos que han sufrido como víctimas para que la ley caiga sobre los delincuentes con todo su peso y sin ningún tipo de consideración, Entonces, los policías son "los buenos", y los delincuentes, "los malos"; pero sólo en esas ocasiones en los que se ven en peligro ante quienes saben cómo  demostrarles quienes son los que, de verdad, llevan la voz cantante y los que mandan, y se saltan todas las leyes, la seguridad y el derecho a la integridad de sus víctimas. Es decir, todas esas cuestiones que la ley defiende y que los "progres de salón" desprecian tanto y  las consideran propias de "fachas" -contradicción lógica con su cacareada condición de "demócratas", pues quien lo es  realmente defiende el imperio de la Ley de cualquier Estado de Derecho en el que aspira a vivir-, desprecio que sienten, menos cuando tienen la navaja pinchándoles la tripa o la escopeta de cañones recortados apuntándoles a la cabeza, porque es entonces cuando piensan que los policías son realmente buenos chicos y guardianes de la ley y los delincuentes son, por fin, lo que son: esa clase de gente que, si no hay quien les haga frente con la profesionalidad y los conocimientos adecuados, se comen a los falsos "progres" y a sus respectivas y respetables madres, con patatas, sin importarles un pimiento si votan al PP, al PSOE o votan en blanco, porque lo único que los hace iguales a todos los ciudadanos es la ley, sobre todo cuando es un policía o un guardia civil el que se juega la vida para defender la vida, los bienes, la integridad moral y física, incluso de quienes lo desprecian por ser un  representante del Estado y que, sin embargo, lucha por defender la ley y la seguridad del supuesto "demócrata", esa ley a la que tantos ascos hacen los progresistas "cantamañanas" que sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, especialmente si los rayos les pueden caer sobre sus huecas cabezas llenas de pajaritos que cantan la Internacional socialista hasta que empiezan a oír los truenos demasiado cerca.