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08 noviembre 2010

Todo cambia para seguir igual















 Alfredo Pérez Rubalcaba, Vicepresidente Primero del Gobierno, Ministro del Interio y Portavoz del Gobierno.



por Ana Alejandre


El cambio de algunos miembros del Gobierno y la pasada huelga general, acordada entre Sindicatos y Gobierno para intentan hacer menos ostensible el acuerdo tácito de los Sindicatos con la política económica, errática y disparatada, del Gobierno ante los trabajadores, a los que según éstos defienden, son las dos novedades más importantes de este otoño que promete ser caliente, y a las que se ha sumado la actual visita del Benedicto XVI a España, levantando dos manifestaciones contrarias de acogidas, dispares y antagónicas, como son la bienvenida gozosa de los católicos y el rechazo, acompañado de críticas feroces y demostraciones de una total intolerancia por parte de diversos grupos, entre los que se encuentra la izquierda ultramontana y cerril, y los movimientos gays que se apuntan a cualquier manifestación legítima de quienes también defienden su ideología, fe o ideales, para arremeter de forma virulenta y agresiva contra los que no piensan igual ni aceptan sus imposiciones de pensamiento único, lo que pone en evidencia el nulo respeto a las ideas ajenas contrarias a las suyas que tienen semejante fauna de supuestos demócratas y ciudadanos políticamente correctos.
El cambio de algunos miembros del Gobierno, sobre todo por la llegada la Vicepresidencia de Alfredo Pérez Rubalcaba, que además sigue ostentando la cartera de Interior y, por si fuera poco, es nombrado también portavoz del Gobierno, pone en evidencia que el verdadero cambio está representado en dicha figura, y no en los nombres que han cambiado de cartera ministerial y que representan bien poco e cuanto a cambio en las directrices actuales del Ejecutivo, que ahora estarán marcadas por la figura inquietante y dura de Rubalcaba que ya demostró, cuando Felipe González era Presidente, su cariz político y su sinuosa, correosa y, nunca definida externamente, actitud maquiavélica en sus decisiones políticas que le hacen ser el “cerebro gris” del actual Gobierno y el que marcará el rumbo del nuevo Gabinete.
En su calidad de actual portavoz del Ejecutivo, hay que señalar que Rubalcaba ya tiene probada experiencia en dicha actividad y en tiempos adversos, porque realizó dicha labor en los últimos momentos del felipismo, entre el clamor de escándalos como la sonada fuga de Luís Roldán y los no menos polémicos y siempre oscuros fondos reservados, por no hablar del tema escabroso de los GAL. Rubalcaba, en su entonces condición de portavoz, negaba rotundamente cualquier relación del propio Gobierno con los GAL, asunto que llenó de sospechas y acusaciones el Congreso de los Diputados en los debates parlamentarios del momento.
Sin embargo, hay que reconocer los méritos de este cántabro, doctor en Químicas, como fueron algunos resultados positivos en la lucha contra ETA, por lo que se le ha calificado a este político avezado como “el azote de ETA”, después de la primera legislatura en la que siendo ya Ministro de Interior cuestionaba la supuesta veracidad de intentos de tregua de la banda terrorista, mientras utilizaban dichos propósitos, o declaraciones de alto el fuego, los propios etarras para seguir acumulando armas y explosivos, en un doble lenguaje etarra de confusión y oscurantismo.
Estos supuestos éxitos contra ETA, no son todo el resultado final de su primer mandato en ese Ministerio tan peliagudo como es Interior, porque aún quedan cabos sueltos y sospechas aún no aclaradas sobre la actuación de algunos cargos policiales en relación con ciertos casos de chivatazos a ETA durante el polémico y desacreditado “proceso de paz”. El chivatazo realizado a la banda terrorista nunca fue investigado por el Ministerio del interior, pero si ha sido llevado ante la Audiencia Nacional, a pesar de que hay presuntos implicados entre los mandos dependientes directamente del ministro.
Su política de Interior parece tener claros sesgos de ambición en cuanto a los resultados con relación a ETA, para lo que se prevé una política penitenciaria con respecto a la banda terrorista que quiere alcanzar resultados definitivos. Para ello, parece contar con Ramón Jaúregui, histórico dirigente socialista vasco, que puede ser un apoyo valioso, por sus conocimientos y experiencia, en cuanto al apoyo y cobertura en las decisiones siempre duras y difíciles en materia de terrorismo.
Estos nuevos nombramientos recaídos en Rubalcaba, le conceden una acumulación de poder nunca vista antes en la historia de la democracia española y apuntan a que Rubalcaba será el posible sucesor de Zapatero, además de ser el hombre fuerte detrás del que el propio Presidente queda oculto en sus maniobras, dejando así el escenario a la figura de su segundo y quedando Zapatero como director de escena entre bambalinas.
Incluso, hay quienes apuntan que, por la proximidad y cercanía que existe entre Rubalcaba y Elena Salgado, el poder fáctico ha pasado de manos de Zapatero a Rubalcaba, paso necesario y previo para ser nombrado futuro candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno en las próximas elecciones, siendo esta concentración de poder que ha caído en sus manos el ensayo general que anuncian cambios dentro del mismo PSOE a corto plazo, y hace recaer la atención sobre esta figura que tiene energía, sinuosidad en las intenciones, experiencia política y capacidad para ser el sucesor de un Presidente que ha agotado la confianza que los propios socialistas y votantes depositaron en él.
Es decir, el cambio de algunos ministros, no supone nada más que un mero lavado y puesta a punto del Gobierno que sigue con su política económica, de la que ya todos somos conscientes y sufrimos las consecuencias, con casi cinco millones de parados, y sin visos de encontrar el rumbo que haga salir a España del atolladero; porque las únicas novedades que se vislumbran son las continuas concesiones a los distintos nacionalismos, las modificaciones de Leyes en vigor como es el proyecto de cambiar el Código Civil en materia de filiación, disponiendo que, en caso de controversia entre los cónyuges, se le ponga al hijo los apellidos por orden alfabético y otras decisiones de capital y similar importancia y urgencia al respecto que quieren obviar la situación difícil por la que atraviesa España en materia económica, política y social, llamando la atención en cuestiones menores, y olvidando que los proclamados derechos sociales, laborales, económicos y civiles de los españoles se están reduciendo a quedar plasmado sobre el papel, papel mojado, porque faltan medidas adecuadas para luchar contra el desempleo, la carestía, el cierre de empresas, la ruina personal y familiar, y el caos que se está apoderando de un país, de su propio tejido social que está formado por los ciudadanos que ya no saben cada mañana ni quienes son, ni en qué país viven, porque se acuestan cada noche, con la extraña sensación de que viven en un país imaginario en el que todo es posible, por improbable que parezca, pero nada es seguro, ni seguirá siendo como fue, ni como es en el presente, por el continuo cambio de rumbo, de ideas, de golpes de timón que llevan a este barco que es España de una tempestad a otra a punto siempre de zozobrar, mientras el capitán discute el sexo de los ángeles, aunque sabe que las sentinas se están llenando de agua y el barco amenaza irse a pique con todos los pasajeros que lleva a bordo que no saben si rezar al santo de su devoción, buscar un salvavidas o tirarse directamente al océano, para terminar de una vez con esta pesadilla de la que siempre tienen culpa todos menos los que mandan, los que gobiernan y los que toman decisiones disparatadas, ya que según estos, con cambiar de timonel, de contramaestre, condestable de segundo de abordo se soluciona el problema, porque, al fin y al cabo, la tormenta no es tal ni el peligro de naufragio tampoco, ya que son todos invenciones de la oposición que está esperando que el barco naufrague, y por eso no da soluciones, para después quedarse con el botín cuando se produzca el desastre que todos ven venir, aunque a tripulación del barco a la deriva aún lo considera no inminente ni inevitable si no se cambia el rumbo.
Con semejante tripulación, cambios de nombres incluidos, más vale encomendarse al santo patrón de cada uno, en el caso de que lo tenga, y confiar poco en el patrón del barco, porque lo que es seguro es que la embarcación ya tiene cada vez tienen más hundida la línea de flotación y, lo peor y lo más silenciado por todos, es que sólo hay salvavidas para los que forman parte de la tripulación que los tienen bien trincados y a salvo para cuando el agua les empiece a mojar su delicado trasero. Para entonces, a los demás el agua nos habrá llegado al cuello y estaremos haciendo gluglú, mientras los tiburones se dan el festín del siglo.
No es cuestión de pesimismo agorero, sino de realismo, de vista y oído, y sobre todo, de sentido común. Ese que les falta a quienes creen aún en las promesas de quien les ha llevado hasta el precipicio donde pueden estar seguros de que caeremos todos, pero no nos acompañará el Gobierno que ,puestos en lo peor, pasará a la oposición para seguir acusando al PP de ser culpable de todo, incluso de que el desgobierno haya dejado a España a borde de la quiebra, de la ruina total y a los españoles hartos, cansados y desengañados de tanto salvador de la Patria (catalana y vasca, porque otras no existen, según afirman) de tanta Alianza de Civilizaciones, de la “educación para la ciudadanía”, adoctrinamiento indecente que niega valores esenciales para instituir otros inaceptables para muchos que no quieren ser adoctrinados en el ideario socialista; hartos de “papeles para todos” que han llenado las ciudades de millares de emigrantes sin techo, trabajo, medios de vida y viviendo en condiciones precarias, cuando no delinquiendo como medio de subsistencia.
Los españoles estamos hartos de promesas o soluciones como las de “viviendas de treinta metros”, “ordenadores para todos los escolares” cuando no hay medios informáticos ni materiales para la Justicia y los Juzgados están muchos de ellos en situaciones lamentables y colapsados y los ciudadanos se ven indefensos por las demoras judiciales; los españoles estamos hartos de “subsidios de 400 euros” que no están basados en ninguna razón que justifique tal dispendio; por no hablar de la Memoria Histórica (desmemoriada y bastante embustera y falsa), del reconocimiento a “nacionalismos históricos”, y negación de la propia nación española y su realidad incuestionable; asqueados de tanta mentira y de falsos “procesos de paz”, con muertos y heridos; indignados de tanta víctima del terrorismo burlada, vejada, ignorada y humillada, entre el dolor, el sufrimiento y la impotencia. Criticados y perseguidos los católicos por el hecho de serlo, recibiendo injurias y ofensas, aunque se exige respeto por las comunidades religiosas de otras confesiones, mientras se ataca a la propia confesión cristiana que es la matriz de la cultura occidental.
Los españoles demandamos un espacio común en el que se puedan manifestar todas las ideologías, creencias, tendencias, opiniones y actitudes que, siendo legales, forman parte del derecho inalienable de libertad de expresión que reconoce la Constitución, sin tener que estar disculpándose por no opinar como lo hace el Gobierno, sus seguidores y los que comen en el pesebre de las subvenciones artísticas, culturales, o de cualquier otra naturaleza, para que el pensamiento único del partido en el poder se vaya extendiendo por todo el tejido social como un cáncer, impidiendo a quienes piensan de otra manera poder manifestarse sin recibir el rechazo, el oprobio de la crítica despiadada, la negación de su propio derecho a pensar y actuar en consonancia y el insulto como único argumento en contra.
Los españoles necesitamos tener la seguridad de que cobraremos las pensiones que hemos pagado a lo largo de nuestra vida laboral. Que no nos paguen menos de salario, para compensar el derroche irracional de los que gobiernan la cosa pública. Los españoles necesitamos, sobre todo los más jóvenes, tener puestos de trabajo para hacer realidad esos cacareados derechos sociales. Estamos hartos de falsas promesas de creación de puestos de trabajos que siempre quedan en “agua de borrajas” y acusando a la oposición de no dar ideas, en una confesión tácita de que el Gobierno no tiene ni idea de lo que tiene que hacer para arreglar el desaguisado que ha montado por su propia inoperancia de la que acusa a la oposición que es, precisamente, la que no gobierna, pero si ha señalado desde el principio que la crisis se avecinaba de forma galopante y el propio Ejecutivo la acusaba de querer desestabilizar al país.
Los españoles necesitan vivir en dignidad, en respeto a sus ideas, sean las que fueren, pero no sólo las de un grupo privilegiado porque defienden ideas “políticamente correctas”, ignorando la diferencia, la diversidad de opiniones que son la base de toda democracia y que son tan dignas de respeto, de no agresión como las que son imperantes o que están de moda. Los ciudadanos españoles necesitan vivir en libertad real, no figurada como ahora, en un país donde los padres puedan elegir la educación dada a sus hijos; país en donde se respete la pluralidad de lenguas, pero el derecho y el deber de hablar todos los españoles la lengua materna de su Comunidad y, además, conocer y hablar la castellana y oficial del Estado español, que tiene la categoría de ser el idioma tercero en el mundo por número de hablantes
. Los españoles queremos vivir en un país donde haya libertad de expresión y todas las ideas que no sean contrarias a Ley, puedan ser respetadas por igual, sin imposiciones dictadas por el Estado que intente legislar en el núcleo más íntimo, privado y sagrado como es la familia, el matrimonio como origen de la misma, la educación de los hijos, ya que la familia, fundada en el matrimonio parece una institución a extinguir, recibiendo ataques feroces de quienes tienen el deber de tutelarla.
Mientras no existan todas esas libertades que niegan Gobiernos como el que padecemos, nada habrá cambiado, a pesar del cambio de titular de las diversas carteras ministeriales., porque si cambian los rostros pero no las ideas que representan, es el simulacro de una cambio que no se ha producido. Por eso, este cambio no supone nada porque todo sigue igual, en un continuo e interminable esperpento en el que los españoles nos debatimos entre la angustia, la incredulidad, la confusión y el temor. Y eso no lo va a cambiar este Gobierno ni cualquiera que le sucediera con iguales premisas y pronunciamientos. Esta situación de bancarrota, de depresión y desilusión generalizada sólo la podemos cambiar los ciudadanos en las urnas, para así no seguir debatiéndose España entre la fractura social y la escisión territorial, la división entre los españoles y el temor a un mañana que nos atemoriza porque lo estamos ya vislumbrando con tintes más negros que el presente.
Hay que hacer cambios necesarios de regeneración social y política y para ello los ciudadanos tenemos que decir ¡basta ya! Por lo menos, esa mitad que pensamos que no hay nada peor para un país que no saber de donde viene, qué es ni adónde va. Y lo peor de todo, es que ni siquiera sabemos dónde estamos, porque nos hemos dejado guiar por quienes tienen los ojos cerrados a la luz de la realidad, de la razón y de la lógica. Por eso nos llevan al precipicio, tratando de convencernos de que allí abajo está la solución de todo, el fin de la crisis, porque no se atreven a decir que es el fin a secas de algo que se llamaba España, sin solución de continuidad en una mañana mejor, porque ningún naufragio deja nada más que restos inservibles para botar otro barco. Y esa posibilidad es impensable, porque en España nos hemos quedado hasta sin astilleros…
Siniestro panorama para un país donde cambia de ministros, pero no cambia de rumbo, de miras y de ideas, porque esas son más difíciles de cambiar para quien sólo tiene el poder como meta y la ambición política satisfecha. Así se llega pronto al desastre final, pero eso sí, rodeado el Presidente de una pléyade de consultores, asesores, ministros y directores generales, satisfechos por haber conseguido que, ¡por fin! “a España, no la conozca ni la madre que la parió”.

05 abril 2010

La normalidad de una España democrática.


atalán

por Ana Alejandre

La Semana Santa que ha dejado un reguero de muertos en la carretera, cerca de cuarenta, además de vacías las grandes ciudades españolas, trae pocas noticias impactante, como si la actualidad política también se tomara unas justas vacaciones, dejando los teletipos descansar de su incesante ajetreo anual y preparándose para el regreso a la normalidad (que siempre es bastante anormal y crispada en su cotidianidad política, económica y social) y al susto continuo de los ciudadanos cuando abren el periódico o ven y escuchan los noticiarios de televisión y radio.

Sin embargo, entre las noticias de esta semana aparece una que inquieta bastante al personal, ya de por sí en un estado continuo de alarma continuada. La noticia se refiere a advertencia sutil que el Gobierno le está dando al Tribunal Constitucional, para que su sentencia sobre el Estatuto de Cataluña, (tan esperado por otra parte) no sea emitida en los meses de campaña electoral en la Comunidad catalana, para que no pueda afectar al normal debate electoral.

El Gobierno lanzó ayer una sutil advertencia al Tribunal Constitucional (TC) para que no emita su sentencia sobre el Estatuto de Cataluña durante los meses de campaña electoral en esa Comunidad, septiembre y octubre, porque interferiría en el debate, a lo que añadió Mª Teresa Fernández de la Vega que la no injerencia en el calendario electoral ha sido siempre una práctica consuetudinaria de todo tribunal, por lo que recordaba que, por ello, no había que solicitar del Alto Tribunal por ser una costumbre respetada en la práctica judicial, aunque indicó que espera un fallo “pronto”.

Parece ser que la fecha de la citada Sentencia puede ser en la segunda semana de abril y podría declarar inconstitucional una veintena de artículos, entre ellos varios especialmente importantes y relacionados con aspectos fundamentales del Estatuto. Algunas lagunas podrían ser resueltas por la vía de la interpretación.

Esto supondría un problema para el PSC y para el mismo Gobierno, ya que la Sentencia aludida puede afectar y recortar competencias y anulación o modificaciones sustanciales de algunas de las treinta y dos leyes aprobadas bajo el amparo estatutario catalán desde 2006.

Naturalmente, esta cuestión podría excitar el ánimo de los nacionalistas más aún de lo que ya vaticinan las encuestas realizadas hasta la fecha, y que pronostican unos pésimos resultados para el PSC.

Ese motivo es el que impulsa a los socialistas a desear que la esperada Sentencia sea emitida antes de las vacaciones veraniegas, siempre que sea lo más distante posible de la fecha electoral o, si no esto no es posible, hasta después de haberse celebrado las elecciones.

Se nota el nerviosismo que ha empezado a experimentar algún sector de la política catalana, por lo que han empezado a pedir que se adelanten las elecciones a mayo o junio, para evitar la catástrofe en los votos que puedan derivarse de la Sentencia si se emite poco antes de las mismas. Montilla, por su parte no dice nada al respecto, aunque haya dado a entender de que él ya está en campaña electoral, lo que ha hecho al anunciar la elección de Jaume Collboni como nuevo director de campaña, en un anuncio tan anticipado que parece el pistoletazo de salida de la carrera electoral.

El gobierno afirma que no se va a pronunciar sobre esta cuestión para que la escasa mayoría a favor de la sentencia pueda quebrarse como ha sucedido en otros momentos del pasado.

La vicepresidenta añadió que el texto del Estatuto es legítimo democráticamente por haber sido aprobado por las Cortes y debe ser aplicado por todos los poderes del Estado con toda normalidad.

Naturalmente, la normalidad a la que alude dicha señora es la que entienden los socialistas; es decir, aquella en la que los españoles nos encontramos sumergidos desde 2004, una normalidad democrática en la que es más importante el respeto a las creencias de las minorías de otras culturas, que a la tradicional e histórica del pueblo español en su conjunto; una normalidad en la que es prioritario intentar resucitar la memoria histórica, pero sólo la de un bando, después de que la democracia enterrara legítimamente, y por Ley consensuada, los recuerdos del desastre que asoló a España a partir de 1936. Igual normalidad que supone que haya más de 4.500.00 parados (más otros 500.000 que, según los expertos no están censados). Esa misma normalidad que nos lleva a considerar a Cataluña y al País Vasco territorios extranjeros que tienen el derecho legítimo a lograr su plena independencia, olvidando que la descentralización política de España es la mayor y con diferencia de toda Europa. Y, por supuesto, la normalización lingüística en Cataluña que prohíbe hablar el castellano en escuelas, rotular comercios en dicho idioma oficial en todo el territorio español, es también una muestra de la “normalización” de la vida política española tal como la entiende el PSOE y sus adláteres.

Una normalidad así entendida es la que nos ha llevado a este pozo del que nos va a ser difícil salir por culpa del criterio de normalidad y de adecuación a la misma que tiene el Gobierno socialista y quienes le apoyan.

Si el Estatuto catalán fueran legitimado por la Sentencia del Alto Tribunal, sería cuestión de ir pensando cambiar de latitudes para evitar perecer en la normalidad anormal en la que estamos viviendo, en pos de un criterio anormal que se quiere imponer a la sensatez, el sentido común, el respeto histórico a la lengua y la cultura que nos han hecho ser lo que somos y que es, precisamente, lo que nos quieren hacer olvidar los padres de la memoria histórica, porque lo que, en verdad, intentan es que todos nos quedemos para siempre desmemoriados, sin norte y sin rumbo como toda nación que olvida su historia y por eso puede caer en el error de repetirla.