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06 junio 2007

El fin de la tregua y de la primavera



La primavera, siempre pródiga y generosa en sus ofrendas anuales, ha venido este año con la nota añadida de las elecciones autonómicas y municipales que son la antesala de las generales, además de tomar el pulso al talante e intención de los votantes que asistimos, perplejos, en ocasiones y, en otras, aturdidos, al espectáculo multicolor de unas ciudades engalanadas, en las que aflora no solo la vegetación exhuberante de todos estos meses en los que la Naturaleza viste sus mejores galas, sino también los reclamos publicitarios de todos los partidos que ansían el mayor número de votos para sus candidatos y, con ello, la mayor cuota de poder, a golpe de mítines, descalificaciones al contrario, eslóganes a cual más agresivo y pensado hasta en la última coma y un sin fin de armas que la actual mercadotecnia, utilizada en las elecciones políticas, pone al servicio de unas ideas, o más bien, de unos intereses de partidos, en las que todos son los mejores y a cuyos candidatos sólo les alta decir: “ el que encuentre algo mejor que lo vote”.

No es de extrañar en las democracias occidentales estos fuegos fatuos de candidaturas apoyadas por todo el arsenal publicitario que pagamos entre todos para que nos digan siempre las mismas cosas, es decir, escuchar siempre la misma letra pero con diferente música, según esté o no el patio formado por los ciudadanos-votantes, por lo que unas veces conviene utilizar más la música trepidante de las acusaciones y el continuo reproche, aireando los trapos sucios de los oponentes y, otras que son las menos, una música sosegada, casi al ritmo del vals, para potenciar más lo positivo de la campaña propia, pero sin descalificar demasiado al contrario, porque esta táctica no conviene al momento, a la situación política o la coyuntura económica nacional que es igual que decir: al nivel de cabreo de los futuros votantes.

En esta ocasión, la mayoría de votos, más de un cuarto de millón, ha sido para el PP, aunque la mayoría, aplastante en su rotundidad y contundencia, la ha obtenido dicho partido en Madrid y su provincia, lo que ha significado un triunfo euforizante para dicha formación política que advierte, en esos resultados favorecedores para sus candidatos, la promesa cierta del triunfo en las elecciones generales que están al caer, sobre todo después del anuncio del fin de la tregua de ETA, lo que confirma la tesis mantenida por aquel grupo político sobre el desacertado rumbo que el PSOE llevaba en el cacareado proceso de pacificación que se ha quedado en lo que en realidad era: una tregua-descanso para que el grupo terrorista consiguiera más medios económicos, armas y poder reorganizar sus comandos, ni más ni menos.

Como siempre, el partido en el poder se da cuenta tarde y mal de la verdad incuestionable que contenía las advertencias de la oposición y de una amplia mayoría de los ciudadanos que así se manifestaban en protesta por la política sin rumbo del Gobierno en cuestión de terrorismo, y de otros temas no menos importantes para España, evidencia que no parecía entender por su parte el Ejecutivo, en ningún momento, achacando al PP de ser catastrofista e intentar impedir las negociaciones con esa banda terrorista -caso insólito para cualquier democracia occidental que se precie-, que han dado los resultados que saltan a la vista y que desde el 30 de diciembre pasado, en el que la banda armada hizo estallar al terminal T-4 de Barajas, con el resultado de dos muertos, estaba demasiado claro para todos que las negociaciones no obtendrían ningún resultado, pero lo que sí entendían los terroristas cuando quisieron forzar y presionar la voluntad del Gobierno con ese atentado inesperado en una etapa de tregua, aunque afirmaban que dicha tregua no estaba rota por su parte, en una contradicción lógica que demuestra su verdadero talante.y la lógica que impone al respecto de sus propósitos que resultan obvios por la contundencia de los hechos.

En fin, la primavera está a punto de finalizar, el 21 de junio próximo, anunciando un verano caliente y no sólo en las temperaturas propias de la canícula, sino también en las políticas, porque los anuncios de ETA sólo muestran que la fiesta va a empezar de nuevo, pero no precisamente para el disfrute del personal, sino sólo para los que amparan, defienden y aplauden el uso del terror como única forma de dar rienda suelta a su paranoia y a su pretendido pacifismo del que, una vez más, dan muestras evidentes de su carencia, anunciando lo contrario de lo que afirman buscar: la pacificación de la vida política de Euskadi, olvidando que son los únicos que siembran el terror, la muerte y la desolación.

La tregua se ha roto, aunque hace mucho tiempo que a la mayoría de los españoles se noss rompió algo más: la confianza en unos políticos que han demostrado ser tan pacíficos y tolerantes como para preferir romper la concordia entre los españoles y el espíritu democrático, antes que romper unas negociaciones que sólo llevaban a España y, por ello, a los españoles, al oscuro túnel donde sólo y siempre moss aguarda el terror, en forma de anuncio como el que ha hecho la banda terrorista en las últimas horas; ya que la única negociación que entiende es la que tiene como telón de fondo el asesinato, la extorsión y el chantaje como única moneda de cambio, porque es la única que saben acuñar en su retórica separatista y desquiciada.

Mientras tanto, la primavera, ofrece su más hermoso manto de verdor, en una gozosa explosión de vida, a pesar de que hombres oscuros de siniestras intenciones hablan de treguas finalizadas, cartas de extorsión, amenazas y terror. La Naturaleza habla un lenguaje de esperanza y vida que hombres perversos intentan acallar con su oscuras mentes, en las que la vida no tiene cabida porque están llenas de sus terribles designios, enviando a pájaros negros con oscuros mensajes que revolotean sobre las cabezas de los ciudadanos pacíficos que saben que la primavera está llegando a su fin, aunque esté en el esplendor de su apoteósis, sabiendo que les espera, nos espera, un verano en el que el sol puede ser nublado por los negros nubarrones que, desde el Norte, empiezan a cernirse sobre campos y ciudades que sólo quieren vivir en paz, olvidados para siempre de todos aquellos que niegan la vida en sus ansias de supuestas libertades que ellos mismos siegan con el hacha, esa misma en la que la serpiente enroscada cambia su vieja camisa de talante pacificador y enseña los colmillos de los que destila el veneno, ponzoña mortal e intrínseca de su propia naturaleza de reptil venenoso.

Y a todo esto, el Presidente dice ahora que combatirá con identica firmeza que antes aplicó al proceso de pacificación a las amenazas de la banda terrorista.


¡Estamos apañados...!


Ana Alejandre