Investidura de Pedro Sánchez

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06 octubre 2011

Otoño caliente

Otoño caliente


La disolución de las Cortes y la correspondiente apertura del período electoral marcan el rumbo político nacional. A ello hay que sumarle la reforma de la Constitución a fin de controlar el déficit público, propugnada por Rajoy en 2010 y que despertó la hilaridad de Rubalcaba y de Zapatero que alegaban que dicha reforma no era necesaria, mostrándose a lo largo del tiempo, en menos del transcurso de un año, la necesidad imperiosa de haber realizado antes  dicha reforma para intentar controlar en el futuro el gasto público y, por ende, el endeudamiento que, hasta la fecha y sin dicho control, ha dejado en la quiebra técnica a las arcas públicas autonómicas y municipales.
Los sondeos dan una clara y abultada mayoría al PP, a pesar de que Rubalcaba, el actual candidato a la Presidencia por el PSOE, intenta dar una imagen de renovación inexistente, prometiendo aplicar nuevas ideas a la crisis económica que se cierne sobre España, olvidando que la lógica les hace preguntarse a los ciudadanos que si esas ideas existen por qué no las aplicaron hace tiempo para paliar la catástrofe económica que desborda todas las previsiones. Quien falló en el pasado, volverá a hacerlo en el futuro por su incapacidad para aportar ideas, para cumplir sus promesas y para llevar las riendas del gobierno de un país que ha confiado demasiado gratuitamente en las promesas electorales socialistas, olvidando el desastre que supuso para España los años de poder de Felipe González que llevaron a alcanzar iguales cotas millonarias de parados, de inflación y de penuria a los que supo dar cumplida respuesta y solución Aznar y su equipo, quienes dejaron las arcas llenas y la economía boyante cuando perdieron las elecciones, en aquel terrible año de 2004 por las maniobras conjuntas de nacionalistas y PSOE que todos conocemos.
La exigencia de ETA de que se acerquen a los presos etarras a Euskadi, y la disolución del aparato de comunicación abertzale de Eguin, parece despertar esperanzas en una parte del nacionalismo vasco  que confía que con esas cortas medidas se podrá llegar a conseguir la amnistía que solicitan los presos etarras, además de su objetivo político que es la independencia, olvidando que la condición sine qua non para conseguir algunos beneficios penitenciarios es el abandono definitivo de las armas por parte de ETA y la disolución de la banda armada, cosa que está muy lejos de conseguirse por ahora, porque dicha organización terrorista sigue estando activa y no da muestras de querer disolverse sin conseguir primero la total independencia del territorio vasco.
La cifra de parados supera ya los cinco millones y sólo en el mes de septiembre pasado ha engrosado con otros 90.000 parados más. La reforma económica urgente es sólo posible si en el 20 de Noviembre se consiguiera que el PSOE abandone el gobierno y que en su lugar se instale el buen sentido, la lógica y el cuidado por los intereses del país que representa el PP, única fuerza política capaz de sacar a España de la bancarrota.
La Comunidad Económica Europea mira con desconfianza la posible recuperación de España, y teme que se vuelva otra Grecia a la que rescatar, aunque la ministra Salgado afirma que nuestra situación es diferente, a pesar de que no especifica en qué se basa dicha diferencia, a juzgar por los datos catastróficos que unos y otros especialistas de la economía van dando y en los que se muestra que en 2012 España no alcanzará el crecimiento previsto, sino que se estancará.
Los nacionalismos catalán y vasco siguen propugnando todas aquellas medidas que puedan hacer cada vez más inviable vivir en sus respectivos territorios de dichas Comunidades a todos los que no sean oriundos de los mismos y, en el caso de Cataluña, la inmersión lingüística sigue siendo la tónica habitual, impidiendo el conocimiento y uso del español, idioma oficial de toda España, obligando a los niños catalanes que hablen y escriban sólo en catalán, llegando hasta la desfachatez Artur Mas de decir que la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que afirma el derecho de estudiar, hablar y escribir en castellano dentro de Cataluña, se respeta pero no se pondrá en práctica, hecho insólito en sí mismo de que un político, presidente de una Comunidad Autónoma, se oponga a cumplir las sentencias de Tribunales de Justicia con un desprecio total a la Ley y al  Estado de Derecho que rige en España y en Cataluña, como Comunidad que es dentro del territorio español.
Todas estas notas políticas y económicas, aunque no se pueden citar todas las que configuran el panorama nacional por ser interminables su relación, son las que convierten a este otoño electoral en un otoño caliente en el que los intereses de España están en juego, pero  esta vez lo está en manos de los españoles responsables que cuando depositen su voto piensen en quiénes les han llevado a la ruina, no una sino dos veces, para que pueda así cambiar el panorama político y el futuro de esta rica, generosa, pero muchas veces ciega a la razón, nación española.