Investidura de Pedro Sánchez

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26 septiembre 2006

EL TABLERO NACIONAL


Próxima actualización: 10 de octubre







La noticia de la semana, del mes y del año, en lo que se refiere a España, es que ETA anuncia el fin de la tregua- mentira, lo que era previsible que hiciera al no conseguir sus propósitos que eran bastante claros en su exposición desde hace más de treinta años, es decir, el reconocimiento gubernamental y, por lo tanto, oficial, del supuesto y cacareado derecho a la autodeterminación del pueblo vasco. No es de extrañar que antes la imposibilidad nacida de la oposición por parte de la ciudadanía y que se vió reflejada en diversas manifestaciones convocadas, entre otras organizaciones, por la AVT y que fueron mayoritariamente apoyadas, el binomio HB_ETA haya decidido anunciar el fin de algo que nunca existió y los hechos de meses pasados, estos seis que duró la supuesta tregua, han demostrado su inexistencia con argumentos más contundentes que las palabras, a saber: extorsión a los empresarios a través de las cartas en las que exigían el impuesto revolucionario, la incesante kale borroka y la actitud de insolencia, provocación, amenazas y desacato que han mantenido durante estos meses los etarras que estaban siendo juzgados en plena Audiencia Nacional y ante innumerables testigos, entre los que se cuentan las cámaras de televisión que han dejado constancia de tales hechos.

Esa noticia esperada, aunque desagradable y amenazante, ha dejado en pañales a otra de la que, en estos días, se ha hacho eco la prensa nacional e internacional, es decir, la de la negación del Gobierno que padecemos los españoles sobre la existencia de esas conversaciones previas a la tregua-mentira de ETA y su promesa hecha al binomio HB-ETA de que, si se anunciaba dicha tregua, se le reconocería al pueblo vasco el reclamado y exigido derecho a la autodeterminación por los cauces oportunos y previstos al efecto.

Naturalmente, la afirmación de Zapatero choca frontalmente con la hecha por HB y sus secuaces que afirman categóricamente lo contrario. Ninguno de los dos supuestos negociadores de la pacificación de Euskadi (a la que sólo quienes la pretenden pacificar ahora son los que la han tenido sometida al terror del tiro en la nunca y el coche-bomba, en un alarde de cinismo sin precedentes) tienen ninguna credibilidad, aunque si hay que creer a alguno de los dos hay que hacerlo, en este caso, a la formación aberztxale, porque no tiene nada que esconder, ya que el plumero se le ha visto desde siempre, hace más de treinta años, y los métodos utilizados para decir lo que piensa, lo que quiere conseguir y hasta dónde está dispuesta a llegar para obtener sus fines, están demasiado claros, gracias a sus primos los muchachos del hacha y la serpiente y sus contundentes métodos de persuasión. Sin embargo, quien tiene algo que esconder es el Gobierno de Zapatero que sigue utilizando el mismo sistema de siempre: afirmar hoy una cosa, o insinuarla, y mañana decir todo lo contrario y además negar lo que dijo anteriormente, en un ejercicio continuado de cinismo y de oportunismo que raya en lo indecente. No le conviene reconocer una verdad que le delataría ante la ciudadanía porque eso sería admitir que el PSOE mantuvo conversaciones con HB-ETA antes de su llegada al Gobierno, es decir antes del trágico 11-M que sumió a Madrid en la más absoluta de las atrocidades. Eso suscitaría muchas preguntas sobre la verdadera autoría de ese atentado y que la Comisión de Investigación, creada al efecto, dejó en tablas porque no interesaba seguir ahondando en la verdad de esa tragedia que pondría contra las cuerdas de la opinión pública, además de las de la Ley, a quienes les convenía que el PSOE llegara al poder para que pudiera cumplir sus promesas de reconocimiento de ese supuesto derecho de autodeterminación de una Comunidad Autónoma que goza, entre otras españolas, con la mayor transferencias de competencias y autonomía organizativa de las existentes en Europa.

A pesar de que la tregua no existía nada más que en el nombre, lo cual lo confirman los últimos acontecimientos de la kale borroka, las amenazas vertidas por un determinado etarra contra el Juez Garzón en plena Audiencia Nacional, y ante las cámaras de televisión como testigos inapelables de tanta indignidad; las patadas dadas, por otros tantos etarras a la mampara de cristal de la jaula de la Audiencia, amén de las manifestaciones convocadas por Harri Batasuna para solicitar el derecho a la autodeterminación del pueblo vasco, forman un mosaico revelador que pone de manifiesto “el talante pacificador” de HB y sus compinches y de las mentiras que el Gobierno ha dicho a la ciudadanía para que ésta no se diera cuenta, hasta que fuera demasiado tarde, de qué chanchullos y trapisondas estaban tramando unos con el consentimiento de los otros, en contra de los intereses de España a la que el Gobierno actual ha jurado servir y salvaguardar.

El hecho de que los batasunos y asociados se estaban poniendo nerviosos, demuestra que algo estaba fallando en los engranajes de esta puesta en escena llamada tregua, lo que ha dado pie al anuncio de su fin, ya que parecen no estar muy convencidos de que puedan conseguir sus torticeros propósitos, a no ser que con la consiguiente utilización de la violencia y que es lo que parece que querían advertir con sus continuados actos y amenazas y cuyo colofón es el anuncio del final de una tregua en la que nadie creía ni siquiera los propios terroristas.

Es de esperar un otoño caliente en cuanto a este tema que se le está escapando, como tantos otros, de las manos de unos gobernantes ineficaces que han hecho promesas difíciles de cumplir, por no decir imposibles. a unos siniestros negociadores que les pueden poner en evidencia ante la opinión de una ciudadanía perpleja por el espectáculo que está presenciando, y detrás del que empieza a comprender que hay demasiadas mentiras, medias verdades y engaños entre bambalinas.

El espectáculo nacional está servido de afirmaciones y negaciones de unos y otros, pero lo peor es que, de una u otra forma, siempre es el pueblo, generoso en sus votos e ingenuo, en muchas ocasiones, en confiar en quienes vota y, por ello, sólo se entera de la verdad cuando ya es demasiado tarde por haber confiado en quien no puede ser fiel a sus compromisos electorales porque ni siquiera es fiel a sus propias palabras de las que siempre reniega, en un peligroso y ambiguo juego de “donde dije digo, digo Diego”.

Sí, el otoño se promete caliente en noticias de este tema tan importante para la estabilidad política de España por lo que, con unos negociadores como los que estaban en juego, sólo podemos desear que la siniestra partida sobre el tablero nacional, que aún continúa, no termine con un funesto jaque mate.


Ana Alejandre

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