Investidura de Pedro Sánchez

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19 septiembre 2006

Y llegó septiembre...






...y con él de nuevo los sobresaltos a la vuelta al trabajo, los estudios, o peor aún, la cola del paro a esperar una mejor ocasión para encontrar curro, o conseguir de una vez encontrar ese punto de "júbilo" a la recién estrenada, o ya veterana, jubilación.


Y con septiembre vuelven los conflictos políticos, aparcados provisionalmente en ese espacio sin territorio ni tiempo que son las vacaciones, en el que prima el deseo de olvidarse de todo, especialmente de los problemas que se acumulan como hongos en un bosque húmedo el resto del año.

Las principales noticias del verano siguen girando, especialmnte, sobre el problema vasco que quedó en suspenso durante los meses de verano a la espera de posibles soluciones por parte del Gobierno-desgobernado que padecemos y, por si fuera poco, sigue ocupando la primera plana de los periódicos la avalancha imparable de inmigrantes que entran en oleadas sucesivas, diarias y crecientes, en las costas canarias, sobre todo; pero sin olvidar los muchos que también entran por el norte de España como simples turistas que después se quedan en territorio español, sin permisos de residencias ni de trabajos y, mucho menos, sin permiso de la ciudadanía que contempla, estupefacta, el cariz que están tomando las calles españolas, sobre todo las de un Madrid colapsado por las innumerables obras, por el tráfico atroz y por los rostros de todos los colores y procedencias que invaden la capital española sin más señas de identidad que su propia desesperación a la que no acompañan los documentos identificativos y ni siquiera la memoria de dónde son, porque saben que ésa es la mejor argucia para no ser repatriados.


A la vuelta de este verano plagado de sobresaltos que han calentado la escena política, social y económica más aún que el calor sofocante de semanas pasadas, el Gobierno ha vuelto a repetir la escena acostumbrada que ilustra el refrán de "donde dije digo, digo Diego", o sea que donde dije ayer "papeles para todos", olvidando las trágicas consecuencias que iba a deparar semejante despropósito, digo ahora "de lo dicho nada y cada uno a su casa". Para empezar a cumplir con ese nuevo giro de su política absurda ha empezado a fletar aviones para repatriar a unos pocos de inmigrantes que viajan con las manos atadas y el asombro pintado en sus rostros, al no comprender por qué a ellos les ha tocado la papeleta de tener que ser expulsados cuando conocen a tantos compatriotas que se han quedado a vivir, o malvivir, en España.

Semejante oferta de legalizar la inmigración ilegal por parte del PSOE llenó de estupor a todos los países europeos ante semejante oferta de hospitalidad descabellada, además de haber destapado la caja de los truenos, empezando por la negativa de la UE ha ayudar a España, desbordada por la oleada incansable de inmigrantes, la mayoría procedente del África subsahariana, aludiendo a no tener fondos ni tampoco demasiadas ganas de cooperar para acabar con esta invasión de infelices desamparados porque, según afirma la Unión Europea, es un problema que España se ha buscado sola por hacer una propaganda tan inapropiada en un tema que provoca los recelos normales en los países del ámbito europeo, por lo que a ellos les puede afectar. Francia ha hecho unas duras acusaciones contra el Gobierno español ante semejante dislate que ha puesto de manifiesto, una vez más, los despropósitos de un Gobierno que toma decisiones y las contrarias a continuación, al ver las consecuencias de sus disparatadas acciones, demostrando que el talante político que tiene el PSOE es el de "primero actuar y luego pensar". Y así nos van las cosas.

Por otra parte, el tema de ETA sigue demostrando, con los últimos acontecimientos de la kale borroka , las amenazas vertidas por el etarra Bilbao contra el Juez Garzón en plena Audiencia Nacional y ante las cámaras de televisión como testigos inapelables de tanta indignidad; además de las patadas dadas por otros tantos etarras a la mampara de cristal de la jaula de la Audiencia en la que asisten entre la insolencia, la bravuconería y la amenaza, amén de las manifestaciones convocadas por Harri Batsuna para solicitar el derecho a la autodeterminación del pueblo vasco y la afirmación de esta formación de amigos de los terroristas de que el Gobierno del PSOE había prometido a la mencionada agrupación criminal el derecho a la autodeterminación a cambio de la tregua, en esas conversaciones mantenidas antes del anuncio de la tregua-trampa y a las que el Gobierno de Zapatero negaba, en un alarde de cinismo a los que nos tiene tan acostumbrados, lo que pone de manifiesto "el talante pacificador" de HB y sus compinches y de las mentiras que el Gobierno ha dicho a la ciudadanía para que ésta no se diera cuenta, hasta que fuera demasiado tarde, de qué chanchullos y trapisondas estaban tramando unos con el consentimiento de los otros, en contra de los intereses de España a la que el Gobierno actual ha jurado servir y salvaguardar.

Además, el quinto aniversario del trágico 11-S, ha vuelto a poner sobre la mesa que estamos todos potencialmente en peligro por culpa de un terrorismo que acrecienta sus amenazas y sus acciones contra todo aquello que sea occidental, sin olvidar al espantoso día del 11 de marzo en el que Madrid vivió la horrible masacre que, ahora y ante los nuevos indicios que se están descubriendo sobre la posible implicación de ETA en el terrible atentado, ponen en evidencia las muchas lagunas que quedaron tras una Comisión de Investigación sobre el 11-M que parecía demasiado interesada en que nunca se supiera realmente quiénes fueron los verdaderos culpables de aquella carnicería. Todo esto es lo que está descubriendo ante la opinión pública cuál es el verdadero rostro de los terroristas que ahora quieren negociar con un Gobierno débil que parece servir más a los intereses de los separatistas vascos y catalanes que a los de la nación que oficialmente representa.

En el plano judicial, además de los incidentes antes mencionados, hay que añadir el caso Malaya que está sirviendo de culebrón televisivo en el que los datos que deben estar bajo secreto de sumario se plantean en las televisiones y en las tertulias radiofónicas. en un juicio paralelo donde todas las voces que intervienen, sin tener en cuenta su preparación jurídica, su conocimiento del caso o la implicación que puedan tener en el mismo, se sienten autorizadas a decir quién, por qué, dónde, cuándo, cómo y cuánto ha trincado cada uno de los implicados, o supuestos, poniendo de manifiesto la golfería local y nacional ante el jolgorio y la indignación de los telespectadores que pasan del estupor a la carcajada y viciversa, al enterarse de que en ese caso está implicado hasta el apuntador y no hay nadie que se haya privado de sacar parte de la guita, que ha sido mucha, pero mucha, y todos vivían tan contentos hasta que la justicia empezó a actuar, poniendo tras las rejas, aunque todos se temen que para poco tiempo, a casi todos los mayores implicados en este fraude urbanístico que deja en pañales a José María el Tempranillo y todos los forajidos que se precien, ante el suculento pastel marbellí que se han zampado unos y otros. Mientras los espectadores piensan que como a ellos se les olvide declarar esa plusvalía del piso que vendió hace un año, o el pellizco que obtuvo de la herencia del abuelo, Hacienda le va a pedir hasta el último euro sin presunciones de inocencias, ni libertad condicional que valga. A pesar del escándalo, este tipo de casos de corrupción no sólo pone en evidencia la fragilidad de la ley y sus mecanismos de control de los organismos públicos, centrales o locales, sino lo que se divierte el personal, nos divertimos todos, al ver como hay golfos que se saltan la ley, trincan la pasta y después se salvan de estar entre rejas durante muchos años porque tienen el dinero que han robado a buen recaudo y pueden pagar a buenos abogados que les saquen del lío y del trullo. Pero, de verdad, lo que pone de manifiesto este tipo de fenómeno televisivo, además de judicial, por el éxito de audiencia y la atención que despiertan, es que todos los españoles tenemos alma de porteras y, en e fondo, a más de uno, o una, le gustaría haber participado en el chollo marbellí y poner en práctica el título de la película de Woody Allen "Cogue el dinero y corre".


En el plano internacional, la guerra entre palestinos y judíos se recrudece y el Libano vuelve a ser otra vez escenario bélico ante una guerra que desangra a ambos pueblos y que amenaza extenderse por Medio Oriente por la exacerbación del islamismo más fanático y la firmeza de un pueblo judío, harto de sufrir el mismo calvario terrorista de Hamas en su propio territorio, y que avanza en el Líbano buscando los últimos reductos del terrorismo islámico, haciendo por ello que las Naciones Unidas tengan que enviar tropas para evitar que la guerra se extienda por países confines, entre las que se cuentan los efectivos militares enviados por España, cumpliendo así los compromisos internacionales firmados por España, al igual que tuvo que hacer Aznar con la guerra de Irak, al mandar el envío de tropas a ese país, decisión que tanto combatió, criticó y ridiculizó el PSOE, entonces en la oposición, y que ahora hace, a su vez. lo mismo por una cuestión de cumplimiento de compromisos internacionales; en una de esas muchas contradicciones que son las que ponen de manifiesto la incoherencia de su pensamiento político, propia de un partido que sigue dando tumbos en busca del norte que le guíe para no seguir dándose trompazos con la razón, la opinión pública cada vez más desconcertada y los demás países europeos que no salen del asombro ante los disparates cometidos por este Gobierno de opereta que sólo ha demostrado su deseo de quedar por encima de todos, al precio que sea, aplicando ese dicho de "para tontos, nosotros", aunque para ello tenga que hacer el ridículo y negar lo dicho y hasta negarse a sí mismo, cuando hace lo contrario de lo que ha predicado siempre, aunque argumentando las razones que le justifiquen, según sus razonamientos del momento, que son las mismas que rechazó completamente en momentos similares anteriores protagonizados por sus oponentes políticos.


Además, Benedicto XVI con sus palabras, que han sido mal entendidas y peor interpretadas, pone un acento aún más temible ante el avance fundamentalista que ve en todo y en todos una amenaza para el Corán y sus seguidores.


Con estas perspectivas y todo lo que se nos viene encima en la crónica política diaria, sólo podemos pensar que nos espera un otoño caliente, más aún que el verano que está terminando, porque la tensión que se respira en cualquier apartado de la vida política, nacional e internacional, sólo nos ofrece malos augurios. ¡Que Dios o Alá nos proteja de quienes velan por nosotros o por sus santas palabras, porque con estos salvarguadadores estamos apañados!


Ana Alejandre